En los ojos y en la frente se lee lo que el hombre siente.
Frío hace, no me place; pan caliente bien me sabe y a la lumbre bien me huelgo y en la cama bien me extiendo: moza lozana, conmigo en la cama.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
Durar menos que un caramelo a la puerta de una escuela.
Quien debajo de árbol se guarece, dos veces se moja.
Cada uno es muy libre de hacer de su capa un sayo.
A más años, más desengaños.
El que pone al juego sus dineros no ha de hacer cuenta de ellos.
Saber cuántas son cinco.
Hijito de tigre, rayado tenia que ser.
Ponerle el cascabel al gato.
La mujer en la cocina es una mina.
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
Lección dormida, lección aprendida.
Están más concentraos que un jugo de china.
De los hombres se hacen los obispos.
El que se acuesta con hambre, sueña con viandas.
Al que le venga el guante que se lo calce.
Honra y dinero no caminan por el mismo sendero.
Ni huerta en sombrío, ni casa junto al río.
El mundo da muchas vueltas.
Querer y no poder es más antiguo que el peer.
Quien milagros busca, con el diablo se topa.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
Buena es la vida de aldea por un rato, más no por un año.
No se hace la boda con hongos, sino con buenos dineros redondos.
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Pan con sudor, sabe mejor.
Reina es la gallina que pone huevo en la vendimia.
El hombre honrado a las diez acostado.
Mira a tu suegra, así será tu mujer de vieja.
Más trazas inventa en cinco minutos una mujer, que el Diablo en un mes.
Hombre viejo no necesita consejo.
La anguila empanada y la lamprea escabechada.
Huyes de la mortaja y te abrazas del difunto.
¡Oh!, Virgen del buen consejo, ayúdale al más pendejo.
Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja.
Por la noche juju y por la mañana burra muerta.
Madre ardida hace la hija tollida.
¿Qué echa al hombre de casa? Humo y mujer brava.
Acuéstate con perros y te levantarás con pulgas.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Al hombre afligido, no le des más ruido.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Boñigas hacen espigas.
Agua y sol, tiempo de requesón.
Dar en el clavo.
Aunque las sillas hayan cambiado, los asnos siguen siendo los mismos.