El buen tienpo y el mal tiempo están dentro de nosotros, no fuera.
Solo no da traspiés el que no tiene pies.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
La avaricia rompe el saco.
Si las vigas de arriba están mal, las de abajo otro tal.
El que paga a lo primero, pierde a lo postrero.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
A quien tiene escopeta, guitarra, reloj y mujer, nunca le falta un trasto que componer.
Cuando seas padre comerás huevos, mientras seas hijo como cuernos.
Hasta las rosas más finas, también tienen sus espinas.
Cuando el búho canta, o llueve o escampa.
La mala mujer y el buen vino, se encuentran en el camino.
Abeja muerta, ni miel, ni cera.
Cuenta tu pena a quien sabe de ella.
De joven maromero y de viejo payaso.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Por la boca muere el pez y el piloto por los pies.
No creas al que de la feria viene, sino al que ella vuelve.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Cuanto más quiere una mujer a su marido, más corrije sus defectos.
Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.
No falta de que reirse.
Las desgracias no vienen solas.
El arroz ya está cocido.
Con amor y aguardiente, nada se siente.
El ahorro anda pasito a pasito, pero llega lejitos.
A la mujer muy casera, el marido bien la quiera.
No me quieras dar gato por liebre.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
La mula y la mujer son malos de conocer.
Cojo, y no de espina, no hay ruindad que no imagina.
Dale que le das; que importunando mucho, algo sacarás.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
Nadie busca a otros en el horno si no ha estado allí él mismo
El hombre débil se ahoga en un vaso de agua
Echa cuentas y te saldrán rosarios.
Ni sobra el que viene, ni falta el que se va.
A la que te criaste, te quedaste.
Niebla en el valle, labrador a la calle.
Más vale hacer frente al peligro una vez que vivir siempre con temor.
Dale limosna mujer, que no hay en la vida cosa más mala, que la pena de ser ciego en Granada.
A perro viejo, no hay quien le enseñe trucos nuevos.
Hay un tiempo para soñar y otro tiempo para actuar. Solo el sabio sabe la diferencia.
Huele peor el pedo ajeno que el propio.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
Can que mucho lame, saca sangre.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
Gusta lo ajeno, más por ajeno que por bueno.