A buen servicio, mal galardón.
Con las glorias se olvidan las memorias. Con los años, perdió la rucia los saltos.
En enero, el buey y el varon, hacen riñón.
Más vale aprender de viejo que morir necio.
Guay del malo y de su día malo.
El que pega primero pega dos veces.
Mi casa, mi mesa, y mi mujer, todo mi mundo es.
Si das una gota recibirás a cambio una fuente.
La conjetura del sabio es mas sólida que la certeza del ignorante.
Tres a uno métenle la paja en el culo.
A buey viejo, cencerro nuevo.
Quedo como la teta de la vaca, ni en el cuero ni en la carne.
Del mismo santo, siempre oirás los mismos milagros.
Hablar de la guerra y estar fuera de ella.
Jamás busques la respuesta en los lugares que no existen.
Detrás de un hombre capaz hay siempre otro hombre capaz.
La madrugada del caballero, al darle el sol en el trasero.
Caga más una vaca que cien palomos.
La suerte está echada.
Al dar las doce, queso añejo y vino que rebose.
Cuando las dos partes arguyen muchas razones, el prudente cede primero.
Campo bien regado, campo preñado.
Asno de dos, válgale Dios.
A la oveja mansa, cada cordero la mama.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
Lo que se da al pobre se guarda en el cielo.
La edad de oro nunca es la presente.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Por unas saludes, no te desnudes.
Caballo que ama al dueño hasta respira como el.
A la vejez, cuernos de pez.
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.
Quien tiene madre, muérasele tarde.
Quien sabe amar jamás hace sufrir.
Ausentarse y morirse, todo es irse.
Al mal pagador más vale darle que prestarle.
A ningún tonto le amarga un dulce.
El que come y canta algún sentido le falta.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Ramos mojados, ésos mejorados.
No hay sábado sin sol, ni mocita sin amor, ni viejo sin dolor.
No des a guardar ni al niño el bollo, ni al viejo el coño.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
Nadie es profeta en su propia tierra.
Nadie da lo que no tiene.
Cuenta treinta y tres antes de decir, y noventa y nueve antes de escribir.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
El zorro que se duerme no caza gallinas.
El diablo solo tienta a aquel con quien ya cuenta.