Se ve la paja en el ojo ajeno y no se ve la viga en el propio.
Ninguno pierde jugando lo que gano cavando.
Agua de lluvia, siempre delgada y nunca sucia.
Ningún ladron quiere ser robado.
Se hace pesado el muerto cuando siente que lo cargan.
Al músico viejo le queda el compás.
El siguiente vicio es la mentira, si el primero son las deudas.
Más peligrosa esa vieja, que un tiro entre ceja y ceja.
Sobre advertencia no hay engaño.
No hay bicho tan raro como el hombre avaro: para más guardar y tener, se muere por no comer.
Más de uno hubiera sido peor, si su fortuna fuera mejor.
Agua de enero, todo el año tiene tempero.
Pedir las perlas de la virgen.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Ambicioso subido, pronto caído.
El pensamiento anda siempre de viaje, ni peaje, barcaje ni hospedaje.
Las calabazas vacías hacen más ruido.
El tonel vacío mete más ruido.
Quien se venga encontrará la venganza de los dioses
Del empréstito, a veces, o ganarás amigo, o le pierdes.
Dios pone el remedio junto a la enfermedad.
En esta vida caduca, el que no trabaja no manduca.
Más lo quiero para mis dientes que para mis parientes.
El temor modifica tu conducta.
La mejor de todas las mujeres, es la que gusta a todos los hombres.
No todo es miel sobre hojuelas.
Ni puta seas, y hagas las semejas.
El perro del hortelano, que ni come las berzas ni las deja comer al amo.
Hombre anciano, juicio sano.
Hacer favores, empollar traidores.
Pronto pasan al olvido los muertos y los idos.
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
Que la esperanza no te lleve jamás a despreciar lo que tienes.
Quiere decir que, casi nunca, viene de hecho que desde la cosecha de las uvas a la de las peras, hay mucho tiempo.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
Lo que no arrastran dos tetas, no arrastran carretas.
Gato meador, llena la casa de hedor.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
El mal vecino ve lo que entra y no lo que sale.
Si tu beso tiene el ardor del sol, la rosa te dará todo su perfume
Al final, la cabra siempre tira para el monte.
Si necesitas consejo, pídelo al viejo.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.
La mujer lo hace, y el marido no lo sabe.
Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás.
Caracoles y hombres de pocos arrestos, mueren donde nacieron.
Un hombre de respeto debe ser reservado, reflexivo y valiente en la batalla; todos (los hombres) deben mantener el buen humor hasta que el fin les llegue.
Vivir cada uno como querría morir, ése sería buen vivir.
Ave de mucha pluma poco tiene que comer.