No hay majadero que no muera en su oficio.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
A cada cerdo le llega su San Martín.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
El amor reina sin ley
El que chatico nació, no puede ser narigón.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
El clérigo y el fraile al que han de menester, llamadlo compadre.
Da de comer a un hombre y te obedecerá.
El hijo de la cabra, cabrito ha de ser.
Quien se mete a maromero, se puede romper el cuero.
El amor gobierna su reino sin espadas.
Quien no tiene quiere más.
Variante: El trabajo ennoblece a quien lo hace.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
En la prueba está la solución. Si Dios te da limones, haz limonada.
Decir y hacer dos cosas suelen ser.
Caballo corredor, no ha menester espuela.
La puerca tira del tapón
A gusto de los cocineros comen los frailes.
Lo mejor del domingo, el sábado por la tarde.
De lo propio, se da un puñado; de lo ajeno, llena el saco.
Un señor sí y un señor no, son dos señores.
Mostacho gacho, señal de borracho.
Dios da a cada hombre un gran predio: el tiempo.
Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata, es por descuidado.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
Hombre puritano, ni para ti ni para nadie.
El vino con el amigo.
El agradecido no olvida el bien recibido.
Por rey se tenga quien a nadie tema.
La mujer y el sacristán, de la tierra sacan el manjar.
El que mal se maneja, despacio padece.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Más vale un pan con Dios que dos con el diablo.
Año malo, panadera en todo cabo.
Desbarata hasta un balín.
Dale Juana con la canasta (cuando alguien insiste mucho con un tema en particular)
El que presta un libro es tonto, y más tonto el que lo devuelve.
Hay quien va a por lana y vuelve trasquilado.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.
Su ladrido es peor que un mordisco
Mal se honra hombre con lo ajeno.
Junio brillante, año abundante.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Favor hecho a muchos, no lo agradece ninguno.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Y el que llegó de Copiapo de las mechas lo saco.
Un dedo no hace mano, pero sí con sus hermanos.
Amigo tarambana, el que lo pierde, gana.