Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
En el bosque no hay pájaros gordos.
A veces el echar a andar es la más difícil del caminar.
Zamarra vieja, más calienta que una nueva.
Odia el pecado y compadece al pecador.
Quien se quemare, que sople.
Cerca le anda, el humo tras la llama.
Chilla más que un camionao é pollos.
El rico come "sudao", y el pobre sudando.
Después del palo dado ni Dios lo quita.
Ni un dedo hace mano, ni una golondrina verano.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
Abad y ballestero, mal para los moros.
A hierro caliente, batir de repente.
A la fuerza, ni los zapatos entran.
El que a orilla del río mora, mucho bebe y mucho llora.
Inútil como cenicero en moto.
Ajo dulce ni leño sin humo.
Sabe tanto, que sabe a mierda.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
Poco dinero, poco sermón.
Con la alforja vacía, mal se inicia el día.
Frailes y monjas, del dinero esponjas.
Cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
No hay mano que pueda para el tiempo
A barco nuevo, capitán viejo.
Vino en jarro quiero; que no me sindiquen lo que bebo.
Mochuelo a principio de cazadero, mal agüero.
Asno, juez y nuez, a golpes dan sus frutos.
De refrán y afán pocos se librarán.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
Al viejo y al olivar, lo que se les pueda sacar.
Cuando mulo no moria, gallinazo comia.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
Bien vengáis, con tal que algo traigáis; y mal, si algo os queréis llevar.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
Padre, que me ahorcan; hijo, a eso se tira.
Oveja que anda, bocado halla.
Muero el toro y enseguida, acabase a carreira.
Estando el diablo ocioso, se metió a chismoso.
Que dulce queda la mano al que da.
A puerta cerrada el diablo se vuelve.
Huyendo de la sartén dio en las brasas el pez.
El que ha naufragado teme a la mar aún calmada.