Vaca ladrona no olvida el portillo.
Fantasía tras fantasía, y la barriga vacía.
Hacerse de la vista gorda.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
Juez con prisa, juez que yerra.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
El toro y el vergonzoso poco duran en el coso.
A buen amigo buen abrigo.
Pecado callado, medio perdonado.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
El chisme agrada, pero el chismoso enfada.
El bien se vende por onzas y el mal por arrobas.
Por mi dinero entro y salgo, luzco y valgo.
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Jamás se ha quedado el oro de ser robado.
Quien anda en malos pasos, en uno quedará atascado.
Si el bueno sufre y el malo prospera, se siente el deseo de hacer mal las cosas.
El que trabaja, no come paja
Reniego del amigo, que se come solo lo suyo y lo mío conmigo.
Si el chivo no le mama, ganancia para la cabra.
Puta y chata, con lo segundo basta.
A quien feo ama, bonito le parece.
La religión cala siempre en los estratos pobres
A buen barón, poco le presta el aguijón.
El dinero no lo es todo, según dicen los que lo tienen.
Tú no llevas vela en este entierro.
Si los deseos fueran caballos, los mendigos se desbocarían.
Amigo indiscreto, ni es buen amigo ni guarda secreto.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Lo que hace el necio a la postre, eso hace el sabio al principio.
Cuando el pastor pierde la oveja, paga con la pelleja.
Quien la inmortalidad logró, hace tiempos que se murió.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Cuando el tonto va, ya de vuelta el listo está.
Del mal paño nunca hay buen sayo.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Carne de cochino, pide vino.
Es mejor dar un centavo que prestar un peso.
A quien se mete a redentor, lo crucifican.
Bocado engullido, su sabor perdido.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.
Al perro flaco no le faltan pulgas.
No hay mayor beata que una puta arrepentida.
Ningún pescador de caña ni molinero de viento, necesita un escribano para hacer testamento.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
Siempre hay un roto para un descosido.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
El de sabio corazón acata las órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre.
Más vale el humo de mi casa que el fuego de la ajena.
Al mal panadero hasta la harina le sale negra.