Quien vengarse quiere, calle y espere.
Pan ajeno nunca es tierno.
Cuando el pájaro la pica, es cuando la fruta está rica.
Agua que no fluye se vuelve pantano y apesta.
No hay pero que valga.
Roma, paraíso de putas e infierno de mulas.
Alábate cesto, que venderte quiero.
Uno puede llevar al caballo al agua, pero no lo puede hacer beber.
Regostóse el asno a las berzas, no dejó verdes ni secas.
Tarde piaste pajarito.
Quien no limpia el arado cuando ara, no se limpia el culo cuando caga.
Ni tanto ni tan calvo que se le vean los sesos.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
Chiquita, pero matona.
A cuarto vale la vaca, y si no hay cuarto no hay vaca.
Cría cuervos y te sacarán los ojos.
El cuchillo que no corta, si se pierde poco importa.
Fruta desabrida, no es apetecida.
No tengo gato, ni perro, ni velas en ese entierro.
Cada dueño tiene su sueño.
Para el mal peón, no hay buen azadón.
De ventero a ladrón, no hay más que un escalón.
Ajo que salta del mortero, ya no lo quiero.
Ausente, apenas viviente.
Tras de corneados ? Apaleados.
Comamos lo tuyo, bueno y santo, que de lo mío no tengo hambre.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Si hay trato, amigos pueden pueden ser el perro y el gato.
No jales que descobijas.
A preguiça se deu bem.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
Ayunar, o comer truchas.
Piedra sin agua, no afila en la fragua.
Ni se si halaga, ni se si amaga.
Ojo por ojo y diente por diente.
Lo que dejes para después, para después se queda.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Manos blancas no ofenden.
Con chatos, poco o ningún trato.
Lo que no fue tua año no fue tu daño.
Quien pisa con suavidad va lejos.
A la rana no le gusta que se sepa que fue renacuajo
La hogaza no embaraza.
Antes perderá el hombre el diente que la simiente.
No pongas al ruin en zancos; que te escupirá desde lo alto.
De boca para fuera.
De hambre a nadie vi morir; de mucho comer, cien mil.
El que quiera saber lo que vale un potro, que venda el suyo y compre otro.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Más sabe el que entiende la malicia que aquel que la pronuncia.