Cada uno tiene su cada una, y cuando no, la busca.
Bien parece y bien están el asno en la cuadra y la mujer en el hogar.
A árbol caído, todo son piedras.
Cada uno halla horma de su zapato.
Cien ratones a un gato, le dan un mal rato Cien refranes, cien verdades.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
La voz de un gallo se parece a la de otro gallo.
Non se pode mamar e asubiar.
Andarse por las ramas.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
Más cagado que palo de gallinero.
El que con cojos anda se llama bastón.
Cada uno tiene su alguacil.
Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros.
Quien tiene la cabra, ese la mama.
Del lobo un pelo.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
No hay cuna que más apriete que la del mismo palo.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Ora en juego, ora en saña, siempre el gato mal araña.
Solo un tonto mete los dos pies en el agua para ver su profundidad.
Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
Mujer sola, rama sin tronco; hombre solo, rama sin hojas.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
Quien sabe, sabe.
Si no tienes a alguien en la casa de los ídolos, no beberás leche de coco
Ese da más vueltas que un puerco suelto.
Gato enfadado, araña hasta con el rabo.
En cada casa, un solo amo.
Doce gallinas y un gallo comen tanto como un caballo.
Araña ¿quién te arañó? Otra araña como yo.
Aquí hay gato encerrado.
Debajo de la mata florida, está la culebra escondida.
Siembra melones y recogerás melones; siembra habas y recogerás habas.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
El clavo que sobresale siempre recibe un martillazo.
Caérsele a uno los palos del sombrajo.
Manden unos, manden otros, los tontos siempre nosotros.
Para todo perdido, algo agarrado.
En cada refrán tienes una verdad.
Por Santa Catalina mata la cochina, por San Andrés, mata tu res; y si no tienes qué matar, mata a tu mujer.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Las boñigas de los caballos no son higos
Toda virtud está siempre entre dos vicios
A un asno, bastale una albarda.
Tantos enemigos tenemos como criados habemos.
Ningún tonto tira cantos a su tejado.