Un ciego lloraba un día porque espejo quería.
Según es el dinero, es el meneo.
Al queso y a la mujer, de vez en vez.
En el culo y en la trompeta, solo es aire lo que suena.
A Seguro se lo llevaron preso
El dolor del viudo es corto pero agudo
Grabemos los agravios en la arena y las gentilezas en el mármol.
Una vez te casarás, pero mil te arrepentirás.
A quien le picó Macagua, bejuco le para el pelo.
El que apurado vive, apurado muere.
El pensamiento anda siempre de viaje, ni peaje, barcaje ni hospedaje.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Tantos son nacidos, tantos son queridos.
El loco no fue el culpable, sino quien le diera el sable.
No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
Conejo viejo mudado de caño, no dura un año.
Costumbres hacen leyes, que no los reyes.
El que tiene boca, se equivoca.
La zorra se conoce por la cola.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
Poca carne y mucha pluma, nada en suma.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Soy el castigo de Dios, si no hubieses cometido grandes pecados, Dios no habría enviado un castigo como yo sobre ti
Cuando te vi venir dije: "A por la burra viene".
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
Entre un pastor y una garrota, no pasa la bota.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
El que rompe viejo, paga nuevo.
Si el cuerpo es derecho no importa que la sombra sea torcida.
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
Tal para cual, la puta y el rufián.
Muérome de hambre, de frío y de sed: tres males tengo, ¿de Cuál morir?.
Es hombre honrado el que es todo lo que hay que ser para no morir ahorcado.
El ave canta aunque la rama cruja.
Dios castiga, pero no ha palo.
Cinco no son montón, pero siete ya lo son.
Como se vive, se muere.
No me dijeron perro, pero me tiraron el hueso.
No falta de que reirse.
Es costumbre de villanos tirar la piedra y esconder la mano.
Se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo mío bebo.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
Hacer más daño, que un buey por un tejado.
Hay cabalgadura que le viene grande su herradura.
La sabiduría viene de escuchar, de hablar el arrepentimiento.
Rostro de horno, piernas de río y tetas de frío.
El gato y el ratón nunca son de la misma opinión.
Adonde hay más. Adonde no está su dueño, allí está su duelo.