Las palabras se las lleva el viento.
Quien lleva fuego en su corazón, acaba por ahumar su cerebro.
Sé justo con todos, pero no confíes en todos.
Abanico calañés cuesta dos cuartos o tres.
Aquí te cojo y aquí te mato.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
De padres asientos, hijos taburetes.
Ninguna buena historia se gasta, por muchas veces que se cuente.
Pascua con luna, cabras ninguna, ovejas tal y cual.
La voz del asno no pasa del tejado.
La noche es capa de pecadores.
La familia está como el bosque, si usted está fuera de él solo ve su densidad, si usted está dentro ve que cada árbol tiene su propia posición.
Dale suficiente cuerda y se ahorcará el mismo.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
Años pares, abrir los costales; años nones, pocos montones.
Al tomar mujer un viejo, o tocan a muerto o a cuerno.
Mercader y puerco, quiérolos muertos.
Bueno es saber cada uno para cuánto es.
Hogar, llama, bodas y bodas, sueños de todas.
Ningún muerto ha regresado, ni a dar un simple recado.
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Todo mono sabe en que palo trepa.
Van al mismo mazo.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Dos gorriones en una espiga hacen mala miga.
Hay que tomar el toro por las astas.
La culpa del asno echarla a la albarda.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
Hasta de una piedra necesita uno, para darse un hocicaso.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
Amigo de todos, loco con todos
La letra mata, el espíritu vivifica.
Jáquima puesta , entiéndese vendida con la bestia.
Variante: Caga más un buey que cien golondrinas.
Mujer de lengua certa, mujer refranes.
Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
Vale más una vieja que un pejeverde.
Bocado comido no guarda amigo.
Hambre matada, comida acabada.
Aceituna una; y si es buena, una docena.
Da vino por vino y pan por pan, y todos te entenderán.
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Lo dicho, dicho está.
Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos, mejor.
Casa en canto, y viña en pago.
Quien escucha, su mal oye.
¿A un "¡toma!", ¿quién no se asoma?.
El mal pajarillo, la lengua tiene por cuchillo.
Quien envidioso vive, desesperado muere.