Toma a un hombre sabio para aprender de sus errores, pero a uno más sabio que aprenda de los errores de otros.
El que quiera coger miel, que cate por San Miguel; el que quiera coger cera, que cate por las Candelas.
Casa hecha, bolsa deshecha.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Abrazo de ciego, golpe seguro.
Abril, aguas mil y todas caben en un barril.
Toda carne es sospechosa, más la muerta es venenosa.
Colgar una cabeza de cordero y vender carne de perro.
Quien come mucho se empacha, y quien bebe se emborracha.
Quien una deuda se traga, tarde o temprano la paga.
La cabra coja, junto a la casa trota.
Vale más muerto que vivo.
Las palabras y las cerezas, unas asen de otras.
Quien tiene las hechas, tiene las sospechas.
Si todos tirásemos en la misma dirección, el mundo volcaría.
Tontos y locos, nunca fueron pocos.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Dijo el muerto al degollado: "¡A fe que estás apañado!".
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
La avaricia rompe el saco.
Cabra de manada, no se halla encerrada.
El que calla, otorga.
Si no valiese por testamento, valga por codicilo.
Para poca salud, las cuatro velas y el ataúd.
Quien del alacran esta picado, de la sombra se espanta.
Donde pone el ojo, pone la bala.
Agua en cesto, y amor de niño y viento de culo, todo es uno.
Nadie es culpable, hasta que no se demuestre lo contrario.
Nadie es sabio en todas partes.
Cree el ladrón que todos son de su condición.
Al alcornoque no hay palo que le toque, sino la encina, que le quiebra la costilla.
Mucho ruido y pozas nueces.
Más ruido hace uno que charla que ciento que callan.
A unos da Dios ovejas, a otros, orejas. A veces perdiendo se gana.
Oveja chiquita, cada año es corderita.
Quien bien siembra, bien coge.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
Dar caramelo.
El que mucho analiza, se martiriza.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Todo tiene su precio, pero hay precios que no merece la pena pagar.
Nunca les falta que hacer ni al cura, ni al diablo, ni a la mujer.
Emborrachar la perdíz
Quien hace un cesto hace ciento, si le dan mimbres y tiempo.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Cada día tiene su trabajo suficiente.
La carga cansa, la sobrecarga mata.
Sin plumas y cacareando, como el gallo de Morón.
Al que dice la verdad le ahorcan.