Sabe tanto, que sabe a mierda.
Cada puta hile y devane y el rufián que aspe.
Cada cual es rey en su casa.
Cada burro apechuga con su carga.
Muchas cabezas teñen pelo, pero no todas tienen sesos.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Quien habla siembra, quien escucha cosecha.
Cada uno en su casa es rey.
Cada uno en su casa, al rey hace cabrón.
Si la palabra vale una moneda, el silencio vale dos.
Tras cada bocado, un trago, sería demasiado; pero tras cada tres, justo es.
En cada casa, un solo amo.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
La persona que es curiosa tiene un refrán para cada cosa.
A cada santo le llega su día.
Que cada zorro cuide su propia cola.
Bien está cada piedra en su agujero.
Más vale un palabra a tiempo, que cien a destiempo.
Una mentira puede matar mil verdades.
Burro que tropieza dos veces en el mismo canto, es burro doblado.
Cada uno es maestro en su oficio.
Cada pleito lleva cuatro almas al infierno.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
Cada criatura obra según su natura.
Más discurre un hambriento que cien letrados.
La conciencia vale por cien testigos.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
A por uno voy, dos vengais, si venís tres, no os caigáis.
Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete.
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
Cada gorrión tiene su corazón.
Siembra quien habla y recoge quien calla.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
Cada uno canta como le pagan.
La boca del justo profiere sabiduría, pero la lengua perversa será cercenada.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
El que no tiene cabeza, tiene lomo.
Casaca mata Carita, Carita mata Casaca y Dinero mata Casaca y Carita.
Cada hombre cuerdo lleva un loco dentro.
A cada puerta, su dueña.
Cada maestrillo, tiene su librillo.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
Cada perro, con su hueso.
El vino puro dirá quién es cada cual.
Las palabras y las cerezas, unas asen de otras.
A cada uno Dios da el castigo que merece.
Donde todo el mundo opina, no hay orden ni disciplina.
De tal árbol tal astilla.
Cada uno tiene su alguacil.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.