Las mentes grandes discuten ideas; las medianas, cosas; y las pequeñas, personas.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
Cada raposa mira por su cola.
A cada cual se le levantan los pajarillos en su muladar.
Cada puerta va bien en su quicio, y cada uno en su oficio.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Cada hombre lleva un loco dentro, y cada mujer un ciento.
Refranes de viejas son sentencias.
Cada pez en su agua.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
Cada uno canta como quiere.
Cada uno dice quién es.
Cada pelo hace su sombra en el suelo.
Cada pardal a su espigal.
Cabeza con seso pa'los preguntones que comen d'eso.
A cada cañada le llega su añada.
Que cada perrillo se lama su cipotillo. (Variante: que cada perrico se lama su cipojito (Cartagena)
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
Tras cada pregón, azote.
A cada pez le llega su vez.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
Boca de verdades, cien enemistades.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
Cada mochuelo, a su olivo.
Cada cosa son dos cosas, cuando no son veinte cosas.
Dos compadres con una botella, dan la mejor sentencia.
El que a todos saluda, pronto rompe su cabeza.
El cuerdo en cabeza ajena escarmienta.
Quien habla por refranes es un saco de verdades.
En cabeza loca, ni se tiene, ni dura, ni para cosa.
Ovejas bobas, donde va una, van todas.
Quien tiene boca se equivoca pero el que tiene seso, no dice eso.
Todos somos parte de una prodigiosa unidad
Cada cual hasta la muerte, tiene que afrontar su suerte.
Cada cual se reparte con la cuchara grande.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Toda virtud está siempre entre dos vicios
Cabeza loca, la pierde su boca.
Hay quien tiene cabeza pero no tiene gorra para ponerse, y hay quien tiene gorra pero no tiene cabeza.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
A mula que otro amansa, algún resabio le queda.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Aleluya, aleluya, cada uno con la suya.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
El casa del muerto cada uno llora su duelo.
Cerezas y mentiras, unas de otras tiran.
En cada corral un solo gallo, y en cada casa un solo amo.