Oír como quien oye llover.
Al catarro, con el jarro.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Asno con hambre, cardos come.
El mucho joder empreña.
El crédito fue asesinado por los malos pagadores
El que más bosques busca, más lobos encuentra.
Conejo que bien corre, no lo asan.
Obrar mucho, y hablar poco; que lo demás es de loco.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.
El calibre de un hombre se mide por la cantidad de sus enemigos.
Para ver la buena gente solo un ojo es suficiente.
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Ayunen los santos, que no tienen tripas.
Las paredes tienen oidos.
Nadie sacia su apetito, con solo huevo frito.
Errar es humano.
Buena madera, buen oficial espera.
El que come y canta, tiene los enemigos en la garganta.
En bote pequeño la buena mermelada.
Todos nacemos llorando y nadie se muere riendo.
En alquimia y en casar gran ventura es acertar.
Amor no correspondido, tiempo perdido.
Cuando el diablo canta, contento está el infierno.
No sirve ni para llevarle la puerca al barraco.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
La verdad es de un solo color
Te perdono el mal que me haces nomás por lo bien que me caes.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Al buen sordo, pedo gordo.
Gota a gota se forma el río.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
La mala fama vuela como el ave y rueda como la moneda, y la buena, en casa se queda.
Yo te castigaría, si no estuviese lleno de ira.
Más perdido que Adán el día de la madre.
Dar del pan y del palo, para hacer buen hijo del malo.
De donde no hay pan hasta los perros se van.
A la larga el buen manjar, cansa al fin el paladar.
El enano ve gigantes por todas partes.
En la vida todo tiene remedio, menos la muerte.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Muchos saben el precio de algo, pero no su valor. Pues hay cosas que no tienen precio cuyo valor es incalculable.
El mal penetra como una aguja y luego es como un roble.
El hijo sabio es la alegría de su padre; el hijo necio es el pesar de su madre.
Pájaro que comió, pájaro que voló.