A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Hace buena cuenta quien con lo suyo se contenta.
Obras vea yo; palabras, no.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
La gula y concupiscencia, matan más que la abstinencia.
Entre casados y hermanos no hay que meter las manos.
De puta vieja y de tabernero nuevo, guárdenos Dios.
Gato, rey y mujer, no saben agradecer.
Solamente los imbéciles no cambian de opinión
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
El centavo mal habido corrompe al peso honrado.
Por Navidad, sol, por Pascua, carbón.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.
Pan ajeno, caro cuesta.
Agua, en jarro; y vino, en cántaro.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Si atendido hubiese el consejo de su padre, otro gallo le cantare.
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Lo que sea de la mar, todo es azar.
En gran casa, a muchos el trabajo cansa.
Acertar, errando, sucede de vez en cuando.
Sigue los impulsos de tu corazón
Agua, poca, y jamón, hasta la boca.
De Navidad a Navidad, solo un año va.
Es cierto que al necio la ira lo mata, y al codicioso consume la envidia. Libro de Job 5:2
Obra a destajo, no vale un ajo.
Del cerdo me gustan hasta los andares.
Te conozco mascarita
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
Hay tontos que al pronto no dan la cara de tonto.
El que se alegra del mal del vecino, el suyo le viene de camino.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
El que fía o promete, en deudas se mete.
Dar al olvido.
¡Madrecita, madrecita!, ¡que me quede como estoy!.
Ninguno do otros es señor si no lo es del corazón.
El que al pedir abusa, a cambio recibe una excusa.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
Quien escurre el bulto, se evita el insulto.
Cuando está gordo el cordero, lo llevan al matadero.
Tabernero diligente, de quince arrobas hace veinte.
La hija paridera, y la madre, cobertera.
El que da dinero manda y el que no de pendejo anda.
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
Sin sal, todo sabe mal.
Se heredan dinero y deudas
Donde castañas se asaron, cenizas quedaron.
Quien ha de pasar la barca no cuenta jornada.