Ojo por ojo, diente por diente.
Yo soy un señor, tú eres un señor, él es un señor, somos todos señores, ¿pero quién almohaza al caballo?
Duerme, Juan, y yace, que tu asno pace.
Quien habla sin razonar, mucho lo ha de lamentar.
Para que el chico se haga pillo, meterlo de monaguillo.
Reniego del árbol que a palos ha de dar su fruto.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Si tienes un amigo, visítalo con frecuencia pues las malas hierbas y las espinas invaden el camino por donde nadie pasa.
Bebe y come con tu amigo, pero no trates con él de negocios.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
El que tiene el culo alquilado, no puede sentarse en él.
El que está en el molino es el que muele, y no el que va y viene.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Arroz pasado, arroz tirado.
Lo que ocurre una sola vez, probablemente no ocurra nunca más, pero lo que ocurre dos veces, probablemente ocurra una tercera vez.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
No dejes que el ayer consuma demasiado tiempo del hoy
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Más vale bulto de muchos que esfuerzo de pocos.
Si quieres tener un hijo pillo, mételo a monaguillo.
Quien tuvo y ahorró, para la vejez guardó.
Nada más engreído que un tonto bien vestido.
Cuando la olla hirbiendo se desborda, ella misma se calma.
Caérsele a uno los palos del sombrajo.
Más vale dejar en muerte a un pillo un duro, que pedir en vida una peseta a un hombre de bien.
Cuando ya el año caduca, le escuece el pavo la nuca.
Puede que un hombre sea malo y buenos sus modales.
A carne de lobo, hambre de can.
Borregos al anochecer, charcos al amanecer.
El que de la ira se deja vencer, se expone a perder.
Al que nace barrigón, aunque lo fajen de niño.
No hable de cuerdas en casa de un hombre colgado.
Lo malo no está en el uso, sino en el abuso.
La rueda de la fortuna nunca es una.
Las penas no matan, pero rematan.
Campo florido, campo perdido.
Llamar al toro desde la barrera, eso lo hace cualquiera.
El deseo de aprender es natural en los hombres buenos.
Mucho saber, menos ignorar es.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
No hay mujer que no lo de, sino hombre que no lo sepa pedir.
Chapucero es el barbero que deja rasposo el cuero.
La misma virtud no escapa a los golpes calumniosos.
Si un desgraciado sube a una montaña, las piedras le caen encima, incluso de abajo hacia arriba
El tiempo es un gran maestro y pone en su lugar muchas cosas
Sana sana potito de rana si no sana altiro sanará mañana
No se va más lejos cuando se cambia de camino todos los días.
Todo lo que no se da, se pierde.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.