No hay más sordo, que quien no quiere oir.
El pez grande se come al chico.
Las cosas no se arreglan con palabras elocuentes.
Cuando el tiempo se muda, la bestia estornuda.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
Quien tiene bestia y anda a pie, es más bestia que él.
Oveja que bala, bocado que pierde.
Ignorante y burro, todo es uno.
Encontrar al perro en la olla
El mucho joder empreña.
El necio o no se casa o se casa mal.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
No gastes pólvora en gallinazos.
El que se ríe a solas de su maldad se acuerda.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
Hijo solo, hijo bobo.
Al que da y quita le sale una jorobita.
No temas avanzar lentamente, teme detenerte.
El que se enoja pierde.
Despedida de borrachos.
El que paga intereses es el burro que jala la carreta de quien le presto.
Al barrigón, no le vale faja.
A quien le picó Macagua, bejuco le para el pelo.
Si usted molesta a un perro, molesta a su dueño.
Con las glorias se olvidan las memorias. Con los años, perdió la rucia los saltos.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
Dejadle correr, que él parará.
De pequeñico se doma al mimbre.
Olla reposada, no la come toda barba.
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Estoy tan lleno como garrapata de yegua vieja.
No hay que conejear sin perros.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
El que da lo que tiene, a pedir se queda o, a pedir se enseña.
Alza en blando, bina en duro y no verás a tu suegro sañudo.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
Tanto ganado, tanto gastado.
El que la sigue la consigue.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Un bellaco cree que nada se puede hacer sin bellaquería.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
Nunca te des por vencido si sientes que aún puedes seguir tratando.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Buena carrera del buen caballo se espera.
Si las orejas sacude la burra, agua segura.
El que porfía mata venado.