El amor enseña a los asnos a bailar
Es combate disparejo, el del tigre y burro viejo.
Entre padres e hijos no metas los hocicos.
No tengas como vano el consejo del anciano.
El lo que se pierde, se aprende.
El que se lleva de consejos muere de viejo.
Un sabio y un tonto saben más que un sabio solo.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
El aprender es amargura; el fruto es dulzura.
El buen vino añejo hace al hombre niño y remoza al viejo.
Algún día cogerá la zorra cabrito.
El cojo correrá si tiene que hacerlo.
A falta vieja, vergüenza nueva.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Un perro sabe donde se tira comida.
El hábito no hace al monje, ni la venera al noble.
Caballo que a treinta pasos ve una yegua y no relincha es que está malo o le aprieta la cincha.
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
A caballo corredor y hombre reñidor poco le dura el honor.
Malo es llegar a viejo, peor no llegar a serlo.
Una vez que la vieja quiso comer carnero, habían ahorcado al carnicero.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
El perro hambriento no teme al león.
A hurón cansado, madriguera nueva.
Malo es errar, pero peor es perseverar.
Murió, y de niños APRENDIENDO.
Caballo de muchos amos, siempre muere de gusanos.
Nunca pares donde haya perros flacos.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
El cerdo siempre busca el fango.
Nunca falta de que reírse.
A borregos recién esquilados, no les mande Dios viento helado.
Viejo que buen vino bebe, tarde muere.
El hijo mal enseñado no será muy honrado.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
Da más vueltas que galleta en boca de vieja.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
Pídele al viejo el consejo, te irá bien con él y llegarás a viejo.
El que de joven se come la gallina, de viejo echa las plumas.
Perros raspan, pero la caravana passa.
El buey ruin pereceando se descuerna.
En la juventud aprendemos, en la vejez entendemos.
Un viejo amigo es una eterna novedad
El necio no escarmienta sino en su cabeza.
Al perro flaco no le faltan pulgas.
El que de treinta no sabe y de cuarenta no tiene, no lo aguarde si no es que herede.
Aunque las sillas hayan cambiado, los asnos siguen siendo los mismos.
Quien de joven come sardinas, de viejo caga las espinas.
El príncipe iletrado es un burro coronado.
Poco se aprende con la victoria y mucho con la derrota.