Buena carrera del buen caballo se espera.
Hay quienes ante el peligro se crecen.
Perros raspan, pero la caravana passa.
Más vale cien leguas de mal caminar que otras cien sin andar.
Quien no se arriesga, no pasa la mar.
Huir ciando es menester, con honra se puede hacer.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Vale más muerto que vivo.
No es lo mismo atrás que en ancas.
Nunca falta de que reírse.
Aunque ande sin cincha, también relincha.
Por el rastro se da con la liebre.
Quien mira hacia atrás no va hacia la felicidad
A todo porco lle chega o seu san martiño.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Galope que mi caballo no lleva, en el cuerpo le queda.
Como el gazapo, que huyendo del perro dio en el lazo.
Quien no mira el derrotero, es majadero.
De ventero a ladrón, no hay más que un escalón.
Si falta la comida, torcida va la vida.
Mientras el cuerdo duda, el loco emprende y termina la aventura.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Ausente, apenas viviente.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Nunca pares donde haya perros flacos.
De arriero a arriero no pasa dinero.
La prudencia es la fuerza de los débiles.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
A quien nada vale, no le envidia nadie.
Corazón cobarde no conquista damas ni ciudades.
Todos los que se rindan se salvarán; quienquiera que no se rinda, sino que se oponga con lucha y discordia, será aniquilado
Hombre prevenido vale por dos.
Más atrasado está el fulano, que pelotas de marrano.
Donde el corazón se inclina, el pie camina.
El que canea, no calvea.
Quien entre perros camina, fornica en cualquier esquina.
¡Sé siempre el primero, incluso para los golpes!
A un traidor, dos alevosos.
La constancia decisiva, vence al fin la suerte esquiva.
La fortuna menos la encuentra quien más la busca.
El cazador que persigue a un elefante no se detiene para tirar piedras a los pájaros.
Quien a viejo quiera llegar, a los viejos ha de honrar.
Raposa que mucho tarda, caza aguarda.
Conocido el daño, el huirlo es sano.
Cada raposa mira por su cola.
A quien presta nada le resta.
Ni camino sin atajo ni campana sin badajo.
Queda sin compañeros el hombre exigente hasta en los últimos detalles.
Camina más una hormiga que un buey echado.