Amigo y casa vieja, para otro los deja.
Los refranes de los viejos siempre salen verdaderos.
Para mañana no ayunar, hoy no hartar.
El tiempo aclara las cosas.
La mala cama hace la noche larga.
Nunca tengas miedo del día que no has visto.
Nunca falta un culo para un bacín.
Un mes antes y otro después, es invierno de verdad, que es cuando llegan los dos hermanos, moquito y soplamanos.
De noche y si está la suegra, se ve hasta la leche negra.
A casa de tu tía, más no cada día.
Alazán tostado, antes muerto que cansado.
Ahora adulador, mañana traidor.
Al tahúr nunca le falta qué jugar ni al putañero qué gastar.
Después de toda oscuridad hay luz.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Al mal tiempo, buen paraguas.
Lo que se pierde a la salida del sol se recupera a su puesta.
Nunca faltan rogadores para mitigar las penas.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
Amistad que acaba, no fue nunca amistad.
Después de comer, ni vino, ni mujer.
Día nublado engaña al amo y al criado.
Más vale loco que necio.
La morena, de azul llena.
Poda tarde y siembra temprano, si errares un año acertarás cuatro.
Jueves lardero, carne en el puchero.
El mal tiempo trae bienes consigo: huyen las moscas y los falsos amigos.
Más vale algo que nada.
A comida de olido, pago de sonido.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Fruta de hoy, pan de ayer, carne de antier.
Ninguna cosa hay tan dura que el tiempo no la madura.
Por la Virgen de Agosto a las siete y está fosco.
Siempre es mejor el vino.
Para morirse, siempre hay tiempo.
Cual el tiempo, tal el tiento.
En noche oscura y sin vela "churrias y dolor de muelas".
A las andadas volví, pronto me arrepentí.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
Buena vida, padre y madre olvida.
Una hora de alegría, compensa diez malos días.
Una idea de último momento es buena, pero la precaución es mejor.
Amigos y relojes de sol, sin nubes sí, con nubes no.
En Marzo, la veleta, ni dos horas está quieta.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
Agua de mañana y concejo de tarde, no es durable.
La noche para pensar, el día para obrar.
Cuando como, no conozco; cuando acabo de comer, empiezo a conocer.
En el buen tiempo, amistades ciento; mudada la fortuna, ni una.
Quien tiene noches alegres, ha de soportar mañanas tristes.