La muerte es flaca y no ha de poder conmigo.
La soga se rompe por lo más fino.
Bien canta Marta después de harta.
Cualquiera puede caer por descuido en el heroísmo
Amar y no ser amado es tiempo desperdiciado.
Quien con pícaros se amaña, es de la misma calaña.
Decían de Isabel la Católica: "¡Brava hembra, bragas ha que non faldetas!".
El uno por el otro la casa sin barrer.
A barba muerta, poca vergüenza.
Quien se quemare, que sople.
El sol quema la espalda; el hambre el vientre.
Llegada la ocasión, el más amigo, el más ladrón.
Como la noche al día, el pesar a la alegría.
Bizcocho de monja, fanega de trigo.
Vereda no cría hierba.
Más rápido cae un mentiroso que un cojo.
Cuando el gallo canta y después bebe, pronto truena o llueve.
Tiene la cola entre las patas
Picar y afilar, afilar y picar, y el prado sin segar. Solo me gustaría entender que tu dios me amas
Unos mueren para que otros hereden.
En enero castañero y en Febrero, correndero.
Cuando el elefante y el caballo se ahogan, el asno pregunta si el río lleva mucho agua.
Inclinar la balanza.
Te casaste, te frego.
Es más cargante que tener una pulga en la oreja.
No se envía a un muchacho a recoger miel
Al miedo plata; y al amor cariño.
Moza gallega, nalgas y tetas.
Ajo y vino puro, y luego verás quien es cada uno.
Grano a grano, se llena el granero.
Es peor la envidia del amigo que el odio del enemigo.
Una mala transacción es mejor que una buena batalla.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
La muerte todas las cosas iguala.
Cuando uno esta en malas, hasta la mujer se le niega.
La ira de los que aman, en hacerse caricias para.
No es posible hacer marchar al buey más rápido si el no lo cree necesario.
Quien mucho se baja, el culo enseña.
Pájaro viejo no entra en jaula.
Diez años la seguía y ella no lo sabía.
Ni hay vida sin muerte ni placer sin pesar.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
El que va para viejo va para pendejo.
A la fortuna, por los cuernos.
No se ganó Zamora en una hora.
Quien al cielo tira flechas, vuélvensele a la cabeza.
El labrador siempre está llorando, o por duro o por blando.
Del odio al amor hay solo un paso.
Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo.