Salamanca, a unos sana y a otros manca y a todos deja sin blanca.
Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.
Habla poco, anda grave y parecerá que sabes.
Costurera sin dedal, cose poco y cose mal.
Fiambre y fiado, saben bien, pero hacen daño.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Cae más pronto un mentiroso que un cojo.
Hablando la gente se entiende.
Dar una de cal y otra de arena.
El mal tiempo trae bienes consigo: huyen las moscas y los falsos amigos.
Tan cabrón se es con un cuerno como con dos.
Al capón que se hace gallo, azotallo.
En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
Para fastidiar al patrón, no como lentejas.
Quien no se rebaja a hablar con cualquiera es porque esta al fondo aunque no lo quiera.
La mala paga , aunque sea en paja.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
Mentiras de día y pedos de noche, los hay a troche y a moche.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
Non se pode mamar e asubiar.
De una gota de un tintero ¡cuánto malo y cuánto bueno!.
De luengas vías, luengas mentiras.
Más vuela la fama mala que la buena.
Detrás de la soga va el caldero.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
Es un loco quien su mal achaca a otro.
Querer matar dos moscas de un golpe
Si ofendes serás ofendido
Nadie diga: de esta agua no bebere.
Sabe tanto, que sabe a mierda.
El que más chifle, capador.
Decir es de charlatanes; hacer es de hombres formales.
Cazador, mentidor.
El que tiene narices, no manda a oler.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
Está como abeja de piedra.
No digas en secreto lo que no quieras oír en público manifiesto.
Del monte sale, con que se arde.
Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre violencia.
En boca cerrada no entran moscas.
Dios repudia al que falsea las palabras; su gran abominación es el pendenciero de vientre.
Gallo que es bueno, lo mismo canta en su corral que en el ajeno.
Entre la santa y el santo, paredes de cal y canto.
Más se queja quien caga en la manta que quien la lava.
Ni a pícaro descalzo, ni a hombre callado, ni a mujer barbada les des posada.
Los tontos, si callan, lo parecen menos.