El que es exagerado, siempre queda mal parado.
El que trabaja honrado, se vuelve jorobado.
Seguro va al juicio, el que tiene el padre alcalde.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
A canto de sirenas oídos de pescadores.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
Burlas pesadas, ni para viejas ni para casadas.
A palabras necias, bofetones.
Mal haya el romero que dice mal de su bordón.
El mejor cazador, miente más que caza.
Más quiero asno que me lleve que caballo que me tire.
A burra vieja, albarda nueva.
Abril, Abrilillo, siempre fuiste pillo.
Barro y cal, encubre mucho mal.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Bachiller en artes, burro en todas partes.
Zorra dormilona, su cara lo pregona.
Procure ser en todo lo posible el que ha de reprender irreprensible.
Más partido que galleta en bolsillo de borracho.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
El hombre apercibido medio combatido.
Al descalabrado nunca le falta un trapo, que roto, que sano.
Al buen sordo, pedo gordo.
Ladran, pues cabalgo.
Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla.
¿Qué haces, bobo?. Bobeo: escribo lo que me deben y borro lo que debo.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Lisonjas en boca de embajador tienen mal sabor.
Hablen cartas y callen barbas.
De cabo a sargento, y no está contento.
Fraile descalzo se pone las botas de los demás.
El jorobado no ve su joroba, sino la ajena.
El flojo y el mendigo, caminan dos veces el mismo camino.
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Hablar bajo y obrar alto.
Al asno a palos y a la mujer a regalos.
Más vale gordo que dé risa que flaco que dé lástima.
A tal señor, tal honor.
Aprendiz de todo, que maestro de poco.
Amistad quebrada, siempre mal lanada.
Una esquela de defunción es de mentiras un montón.
Con un consejo y un duro, sale el hombre del apuro.
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
El más ruin se engalla, y el más honrado calla.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
Quedo como la teta de la vaca, ni en el cuero ni en la carne.
Mano de santo cura como por encanto.
Callando el necio, se hace discreto.
Para la mi santiguada, que de donde vino el asno venga la albarda.