El que planta árboles, ama a los otros además de a sí mismo.
Camarón que se duerme amanece en el mercado.
Callemos, que el sordo escucha.
Es el tercero en discordia.
El buen instrumento saca maestro.
¿Para qué tanta librería quien tiene la sesera vacía?.
El trabajo cazurro, solo es para los burros.
Ávila, santos y cantos.
Costurera sin dedal, cose poco y cose mal.
La manda del bueno no es de perder.
Las medias ni pa las mujeres.
El chisme que gira, no siempre es mentira.
Entre hermanos, si la prueba se gana o se pierde, da lo mismo.
Quien con mujer rica se casa, come y calla.
Mientras vas y vienes, no falta gente por el camino.
Mucho pan y poco queso, es de hombre de seso.
El que desprecia un centavo deseará después un peso.
Están separados, como el agua y el aceite.
Llegar y besar, suerte es singular.
Cuando promete un hombre honrado, queda obligado.
Para amar es la cosa más segura buen trato, verde edad, limpia hermosura.
Los problemas nunca vienen solos.
Es de sabios cambiar de mujer.
Gana ahora que eres nuevo, para que puedas gastar de viejo.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
Todas las cosas pasan como el viento.
La libertad vale más que el oro
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
A cada puerta, su dueña.
La que en Marzo veló, tarde acordó.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
Es ilusión fementida, un mundo a nuestra medida.
Más vale poco y bien arado, que no mucho y arañado.
Callar y callemos que todos de barro semos.
Más vale ser un pobre hombre, que un hombre pobre.
Deja que el buey mee que descansa.
Pan de hoy, carne de ayer y vino de antaño y vivirás sano.
Agua de enero, cada gota vale un dinero.
Me lo contó un pajarito
Maldiciones de putas viejas, no comprenden mis orejas.
Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra.
Hija que casas, casa que abrasa.
Que mis enemigos sean fuertes y bravos, para que yo no sienta remordimiento al derrotarlos.
Toma el tiempo conforme viene, pues otra cosa no puedes.
Por San Blas, una hora más.
Que dulce queda la mano al que da.
Ahora que tengo potro, pongo la vista en otro.
Ni fíes de hombre cejunto, ni tengas miedo a un difunto.
Los mejores bienes, en ti mismo los tienes.
Voz que se escapa no vuelve y quizás tu ruina envuelve.