Es mejor dar un centavo que prestar un peso.
Media vida es la candela; pan y vino vida entera.
Dando y tomando, no cabe engaño.
Tras la fortuna guía el favor.
Ayer me negó un bocado, pero hoy me pide prestado.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
De lo vedado, un solo bocado.
Bien urde quien bien trama.
Piensa en las facilidades, pero continúa trabajando.
Boda y cofradía, no es para cada día.
Casa sin mujer y barca sin timón, lo mismo son.
Quien hace lo que puede, hace lo que debe.
Amores de una señora, se olvidan con otro amor.
Enójate pero no pegues.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
El dinero y el amor son dos cosas que no se pueden ocultar.
Es peor la envidia del amigo que el odio del enemigo.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
La botica abierta y el boticario en la puerta.
Los hombres convengan, por la ley lo tengan.
Cada uno habla de la feria, según le va en ella.
Los hombres más importantes, se miden por sus amantes.
Del trabajo nace el descansar.
Dádivas y buenas razones, ablandan piedras y corazones.
No seas amigo de los necios.
El buen nabo, por Santiago tiene cabo.
Muchos pocos hacen un mucho.
A fuego y a boda va la aldea toda.
Quien dineros ha de cobrar muchas vueltas ha de dar.
Quien bien ata, bien desata.
A heredad vieja, heredero nuevo.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Al comer, comamos, y al pagar, a ti suspiramos.
Cada cual cuenta de la feria como le va en ella.
No eches toda la carne al asador.
Después de un gustazo, un trancazo.
Mal año o buen año, cuatro caben en un banco.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Lo que se hace aquí, se paga aquí.
La fortuna enloquece a lo mismos que favorece.
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
Amor trompetero, cuantas veo tantas quiero.
Acá como allá, y allá como acá.
Las caras nos vemos, más los corazones no.
Ruego y derecho hacen el hecho.
Calabaza, calabaza, cada uno para su casa.
Conejos y liebres vendo, porque los prendo.
Mantener en vista el conjunto y tomar los trabajos diarios en las manos.
El relajo es dulce después del trabajo.