Buitres y milanos, primos hermanos.
Hasta ajustar, regatear.
El que busca un amigo sin defectos se queda sin amigos.
Buena compañía, Dios y Santa María.
Uno explica al amigo, el amigo a los demás
Desventuras y penas, a nadie le importan las ajenas.
Cuando la adversidad llama a tu puerta, todos los amigos están dormidos.
Hombre a caballo, en cada venta echa un trago.
Si la socia no come, y no bebe el socio, no tendrán fuerzas para cumplir con el negocio.
Amantes y ladrones, gustan de la sombra y los rincones.
Hombre refranero, sin cuartos o sin dinero.
A nuevos tiempos, nuevos usos.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
Dame consejos sanos y dinero para ejecutarlos.
No es amistad la que siempre pide y nunca da.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
Dios nos ha creado hermanos pero nos ha dado monederos separados.
Intenta reunir en tu casa numerosos amigos antes que manadas de bueyes
La fortuna de la mar, hace a unos bien y a otros mal.
Consejos a viejas y pláticas a gitanos, trabajos vanos.
Jugador de mingo, pagador de mesas de domingo a domingo.
Amistad pasajera nunca es verdadera.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Un solo enemigo es demasiado y cien amigos son pocos
Gana al que te quiere mal, y tendrás un amigo más.
Santa tú y santo yo, el diablo nos juntó.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
Pensé que, creí que, son amigos de Don Tonteque.
Al amigo que no es cierto, con guiño de tuerto.
Berzas y nabos, para en uno son entrambos.
Cada uno trate de su oficio y deje el del vecino.
De mercader a ladrón, un escalón.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
Quien demande pan y abrigo, va a saber quien es su amigo.
Palabra de cortesano, humo vano.
Los enemigos de la bolsa son tres: vino, tabaco y mujer.
Ni de burla ni deberas, con tu amo no partas peras.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
Abogado novato, Dios te asista, entre parientes, pobres, putas y petardistas.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
El mal y el bien no son amigos, pero son vecinos.
El amigo de todos es fiel a ninguno.
Juntos pero no revueltos.
A quien con malos anda no le arriendo la ganancia.
Amistades y tejas, las más viejas.
Los mejores compañeros en las horas desocupadas son los buenos libros.
Quien da parte de sus cohechos, de sus tuertos hace derechos.
Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía.