Muérome de hambre, de frío y de sed: tres males tengo, ¿de Cuál morir?.
Más vale "alli corrió", que "alli murió".
Las grandes penas no se quejan.
Quien se fía de un lobo, entre sus dientes muere.
Aunque el hombre sea de bronce, no le quites el trago de las once.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
No prediques en desierto, ni machuques hierro yerto.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
Nadie quiere la salud más que el paso.
Llaga incurable, vida miserable.
Ni lava ni presta la batea.
Quien baila y canta, su pena espanta.
A burro muerto, la cebada al rabo.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
Come bien, bebe mejor, mea claro, pee fuerte y cágate en la muerte.
El que tenga la cola de zacate, que no se acerque a la lumbre.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
No mira Dios el don, sino la mano y la ocasión.
Tiempo dormido, no es tiempo perdido.
El que no es agradecido, no es bien nacido.
Quien guarda halla, si la guarda no es mala.
Hombre viejo no necesita consejo.
Ni mozo dormidor, ni gato maullador.
Antes de acabar, nadie se debe alabar.
Quien está detrás de los demás no pasa nunca delante
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Vive la vida y no dejes que la vida te viva.
No hay alegría sin aburrimiento
Labrador, ara y ora y espera tranquilo la última hora.
No es amistad la que siempre pide y nunca da.
Maldición de puta vieja, por do sale por allí entra.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Ni el amor ni el poder necesitan compañía
Mujer que espera al príncipe azul, viches a los santos de tul.
Peca igual el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
Todos llorando nacieron, y nadie muere riendo.
Hija enlodada, ni viuda, ni casada.
Dios no desampara a sus hijos.
Maldita seas, ave; la pluma, más no la carne.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
Moza dominguera no quiere lunes.
Maderos hay que doran, maderos hay que queman.
La verdadera grandeza no renuncia a la amabilidad.
Caridad y amor no quieren tambor.
Quien mal cae, mal yace.
En arca de avariento, el diablo yace dentro.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
Únicamente los peces muertos nadan con la corriente.