Quien mal casa, tarde enviuda.
La virtud es de poco sueño.
Ni sobra el que viene, ni falta el que se va.
El avariento nunca está contento.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Cada cosa a su tiempo, los nabos en Adviento y las cerezas en habiendo.
Al mal pagador, plazo corto es lo mejor.
Donde fuerzas no bastan, baste la maña.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
La fortuna menos la encuentra quien más la busca.
Bolsa que mucho clama, pronto se acaba.
Por poco se empieza y a mucho se llega.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
El que mucho corre, pronto para.
Por muchos golpes que de el martillo, el yunque siempre durará más.
La mentira dura hasta que la verdad florece.
Nadie se alabe hasta que acabe.
Una hora de hoy es mejor que dos de mañana.
No hay bien ni mal que cien años dure.
Al que temprano levanta, nunca le faltan abarcas.
A la virtud, menester hace espaldas.
Cuando pudieres trabajar, no lo dejes, aunque no te den lo que mereces.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
La muerte es tan cierta como la hora incierta.
El daño hecho no tiene remedio.
En arca abierta, el justo peca.
De la madre la gran ciencia, es tener mucha paciencia.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
La cosa bien pensada jamás es errada.
Con los descuidados, medran los abogados.
Dar antes que amagar.
No hay día tan lueñe que presto no este presente.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
El que temprano se moja tiempo tiene de secarce.
Tres sacos son necesarios para tratar con un abogado: un saco de papeles, un saco de paciencia y un saco de dinero.
Obra acabada venta aguarda.
Agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que recogeré.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
Con el tiempo todo se sabe, y con el tiempo todo se olvida y se deshace.
La necesidad carece de ley.
Es ligero el tiempo y no hay barranca que lo detenga.
Nunca acaba el que nunca empieza.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Dádiva forzada no merece gracias.
Si quiere hacer las cosas mal, hazlas deprisa.
Las penas, o acaban, o se acaban.
Lo prometido es deuda.