Quien adama a la doncella, el alma trae en pena.
Amigo que no da, y navaja que no corta, si se pierden poco importa.
Juez que admite regalos, llevarlo a palo.
Amistad de juerga no dura nada.
La ausencia causa olvido.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
No tropieza quien no anda.
Hasta que el cuerpo aguante.
El trabajo es la ley y a todos agita.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
La mentira es justa cuando, por hacer bien, la verdad se oculta.
Una idea de último momento es buena, pero la precaución es mejor.
Mal es acabarse el bien.
Flores en Mayo, tarde o temprano hallo.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Gota a gota, la mar se agota.
De un juez prevaricador nos libre el Señor.
La naturaleza tiene que obedecer a la necesidad.
La mentira nunca muere de vieja.
Esto esta hecho nomás a que aguante entrega.
Vosotros, los europeos, tenéis los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo.
Mujer precavida vale por dos.
Se necesitan dos para empezar una pelea.
La tierra no tiene sed por la sangre de los guerreros sino por el sudor del trabajo del hombre.
La luna camina despacio pero atraviesa el mundo.
Hasta lo bueno cansa, si es en mucha abundancia.
A la mujer mala, poco aprovecha guardarla.
Las lágrimas de una viuda rica se secan pronto.
Más dura una taza vieja que una nueva.
A carrera larga, cada galgo se queda en su puesto.
No ha nacido aún quien cuide lo ajeno.
Más vale tener que dar, que tener que mendigar.
Quien no sufrió una escasez, no guarda para después.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
Joven madrugador, viejo trasnochador.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
El mozo perezoso, por no dar un paso da ocho.
O de trabajo o de trabajos muere el abogado.
Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas.
Quien sabe, sabe.
Quien en Febrero no escarda, ¿a qué aguarda?.
La ofensa se olvida en una noche, el beneficio en un día
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
Que no llegue la medicina cuando el enfermo ya se murió.
La paja en el ojo ajeno se mira más despacio.
El saber no ocupa lugar.
Cuando dos pleitean, un tercero se aprovecha.
Los encargos con dinero no se olvidan.
Cae más pronto un mentiroso que un cojo.