Juez de aldea quien quiera serlo, sea.
Despacito y buena letra, el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas.
La memoria de los justos es una bendición, pero la fama de los malvados será pasto de los gusanos.
Bueno es dar, y sin embargo, no conviene ser muy largo.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
Cuanto más grande es el caos, más cerca está la solución.
La lengua del justo está detrás del corazón, más la del necio va siempre delante, suelta y dicharachera.
A veces caza quien no amenaza.
Nunca llueve hasta que Dios no quiere.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Nadie diga mal del día hasta que sea pasado y la noche venida.
Más vale un "por si acaso" que un "¡válgame Dios!".
Quien no tiene quiere más.
Al desdichado, poco le vale ser esforzado.
El malo para mal hacer, achaques no ha menester.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Si en el sexto no hay perdón, ni en el noveno rebaja, ya puede el Señor llenar el paraíso de paja.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
El que algo debe, no reposa como quiere.
Quien sea dueño de intereses, no se enrede con los jueces.
Aunque uno esté dormido, no deja de amanecer.
Inútil es reprender a quien caso de no ha de hacer.
La prisa se tropieza en sus propios pies.
Mientras hay alma, hay esperanza.
En la causa está el remedio.
No te de Dios pleitos, aunque tengas derecho.
Quien en tierra ajena muere, doblada pena tiene.
La edad de oro nunca es la presente.
Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
Ni al caballo corredor, ni al hombre rifador dura mucho el honor.
No por mucho madrugar amanece más temprano.
Los buenos maestros enseñan hasta cuando se equivocan.
En gran aprieto, espera más del vecino que del nieto.
La suerte no se detiene, y es péndulo que va y viene.
No todo lo que pendula cae
Perdono al que me ha ofendido pero la ofensa no la olvido.
Un abogado y un asno, saben más que un abogado.
A bien obrar, bien pagar.
Nunca un peligro sin otro se vence.
A todo hay remedio sino a la muerte.
El que hace la ley, hace la trampa.
Quien espera salud en muerte ajena, su propia vida condena.
A más años, más desengaños.
La esperanza mantiene.
A más edad, más conocemos del mundo la falsedad
La fortuna es veleta, nunca se está quieta.
La belleza es como una flor; nace pronto y pronto se marchita
Llagas hay que no curan, y toda la vida duran.
Sin virtud poco vale la salud.