Amigo, no de mí, sino de lo mío, lléveselo el río.
La mucha tristeza sueño acarrea.
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
Quien en una piedra dos veces tropieza, justo es que se rompa la cabeza.
A Dios rogando y con el mazo dando.
Donde manda el amo se ata la burra.
Antes te quedes manco, que eches una firma en blanco.
Necios y gatos son desconfiados.
Vive la vida y no dejes que la vida te viva.
No se debe escupir al cielo.
Nunca con menores, entables amores.
Todo es según el cristal con que se mira.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
Todo acaba con la muerte, menos, el hacer bien.
O con el mundo o con Dios; pero no a la par los dos.
La ignorancia es la madre de la felicidad.
A la hija muda, su madre la entiende.
Saber dónde aprieta el zapato.
A quien cuece o amasa, de todo le pasa.
Deja a la gente que está muriendo y acude a la que está pariendo.
No hagas bien por el concejo, ni compres burro viejo.
Eres lo que comes.
No muerdas la mano que te da de comer.
No hay mejor testigo que el papel escrito.
Bien está cada piedra en su agujero.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
A quien mucho tiene, más le viene.
Saber callar es una prueba de sabiduría que buscan pocos hombres.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Las grandes penas no se quejan.
La casa hecha y el hueco a la puerta.
Más vale aprender de viejo que morir necio.
Acuéstate sin cenar y amanecerás sin deuda.
Es en vano dar razones cuando no las escuchan.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
Con remiendo del mismo paño echaras atrás el año.
Un hombre con buen talento, vale por ciento.
Nunca te des por vencido si sientes que aún puedes seguir tratando.
Quien roba poco es ratero; y quien mucho, financiero.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
A la mujer y a la mula, vara dura.
Habla bien de alguien y te hará quedar mal.
Sospechar y temer, enemigos del placer.
Quien hace malas, barrunta largas.
Brilla por su ausencia.
Tres españoles, cuatro opiniones.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
El que es sabio nunca enceguece.
El cura y el que cura, no tienen hora segura.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.