A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Nadie da palos de balde.
Cántaro que mucho va a la fuente, alguna vez se rompe.
Quien ha de pasar la barca no cuenta jornada.
Con buenas palabras y mejores hechos, conquistaras el mundo entero.
Hoy es discípulo de ayer y maestro de mañana.
Padre, hijo y abuela, tres cucharas y una cazuela.
Bendito sea San Bruno, que da ciento por uno.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Lo que cuesta poco se estima en menos.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
El tiempo es el jinete que cansa a la juventud.
Halagos a la casada pronto la hacen más mala.
Mal es sufrir, pero sufrirlo mal es mayor mal.
Amor nunca dice basta.
Donde no se gana nada, algo se va perdiendo; por lo menos, el tiempo.
Cuando fueres a la boda, deja puesta tu olla.
No valer ya, es más doloroso que no haber valido nunca.
La fama propia depende de la ajena.
Ni hermosa que mate, ni fea que espante.
Arrieros somos y en el camino andamos.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Cuídate de los lobos con piel de cordero.
Agua que a algo huele o a algo sabe, otro la trague.
El alcalde de mi pueblo, ¡qué burro tiene que ser!, para mandar en nosotros, que semos más burros que él.
Media vida es la candela; pan y vino vida entera.
Machuco le dijo a Vargas: parejitas van las cargas.
El jumento para la arada es malo; para la carga es bueno.
El que miente es adorado, el que dice la verdad, ahorcado.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
Con todos corro y con ninguno me paro.
Vive de tus padres, hasta que tus hijos te mantengan.
Menos correr y más hacer.
Como se vive, se muere.
Vino añejo, pimienta y ajos, te llevan directo a los refajos.
Los cementerios están llenos de valientes.
Puso pies en polvorosa.
Zapateros y sastres que no fueran embusteros, no serían sastres ni zapateros.
El mejor de todos los hombres es el que le gusta a todas las mujeres.
Puerco no se rasca en javilla.
Padecer por amar, no es padecer, que es gozar.
Con el cascaron en el culo, y ya tiene orgullo.
El buey conoce a su dueño y el burro el pesebre de su señor.
Amigo viejo, tocino y vino añejo.
No existe un tonto que no sea admirado por otro tonto.
Entre hermano y hermano, no metas la mano.
Al que muere en el barco, le reclama el charco.
Dios no desampara a sus hijos.
Por Santa Marina siembra tu nabina; yo que lo sé, por San Bartolomé.