Dineros de sacristán, cantando se vienen cantando se van.
Agua de primavera, si no es torrencial, llena la panera.
A rey muerto, principe coronado.
El trabajo por la mañana vale oro.
No es mala la muerte cuando se lleva a quien debe.
Cuando los números hablan se acaban las discusiones.
Como el gazapo, que huyendo del perro dio en el lazo.
Al desdén con el desdén.
El hombre por las buenas entra hasta en el infierno, por las malas ni al cielo.
Ruego a Dios, si te casares, que llorando te descasen.
Bandera vieja, honra capitán.
Hacer de toda hierba un fardo.
El que pretenda agradar a todos en lo que hace, se incomodará y no contentará a nadie.
Un yerro, padre es de ciento.
Amor con celos, causa desvelos.
Año malo para el molinero, bueno para el burro.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
Cuando te dieren el anillo, pon el dedillo.
La hierba que está para un burro, no hay otro que se la coma.
Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos, mejor.
Muerto es quien ya no jadea, y vivo es quien patalea.
Cuarenta es la vejez de la juventud y cincuenta es la juventud de la vejez.
Lo bien hecho bien parece, y estaban ahorcando a su marido en la plaza.
El que al sentarse dice "¡ay!" y al levantarse dice "¡upa!", no es ese el yerno que mi madre busca.
La burla, para quien le gusta.
Lo que se consigue en la niñez, crece y agrada después.
Zancas vanas, zancas vanas, temprano espigas y tarde granas.
Pobre, feo y trillador; pide que te ayude Dios.
Mejor solo que mal acompañao.
A quien nada vale, no le envidia nadie.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
Hijos y mujer añaden menester.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
La trasquilá, buena o mala, a los cuatro días iguala.
El que corre mucho, atrás se halla.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Puta arrepentida, del Carmen vestida.
Más bien duerme el deudor que su acreedor.
Donde lo hay, se gasta.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
El mal que no tiene cura es la locura.
Entre una mujer hacendosa y hacendada, la primera más me agrada.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
Como el perro de muchas bodas, que en ninguna come por comer en todas.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
No hay cosa tan buena como la salud, ni tan mala como el ataúd.