El niño engorda para vivir, y el viejo para morir.
Al gallo que canta, le aprietan la garganta.
La viuda que se arrebola, por mi fe que no duerme sola.
Nieve en Febrero, hasta la siega el tempero.
Hierba mala nunca muere.
Fraile que pide por Dios, pide para dos.
Hijos crecidos, trabajos llovidos.
Cuentas viejas líos y quejas.
A la ocasión la pintan calva.
Cada siete años se muda la condición, la costumbre y complexión.
Al músico viejo le queda el compás.
En mi casa mando yo que soy viudo.
La gracia de cada refrán, es decirlo en el momento y el lugar en donde van.
Calenturas otoñales, o muy largas o mortales.
Más quiero ser de moza desdeñada, que de vieja rogada.
Cuando naciste tú llorabas y todos alrededor sonreían. Vive la vida de modo que cuando mueras tu sonrias y todos alrededor lloren.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
Es viejo, pero no pendejo.
Casa al hijo cuando quisieres y la hija cuando pudieres.
A fullero viejo, flores nuevas.
En la vivienda del pobre la casa siempre es enorme.
Lágrimas de viuda, poco duran.
Las palabras se las lleva el viento.
No sufras por calenturas ajenas.
Bien te quiero, bien te quiero, mas no te doy mi dinero.
A los tontos no les dura el dinero.
El que de joven no trotea, de viejo galopea.
Acuérdate, suegra, que fuiste nuera.
Cien refranes, cien verdades.
Cita de uno de los "Proverbios y Cantares" de Antonio Machado
La cabra va por la viña, como hace la madre hace la hija.
El rey fue viejo a Toro y volvió mozo.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
A pan de quince días, hambre de tres semanas.
Dale con que la abuela fuma.
Moneda a moneda se hacen las rentas.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
La envidia sigue a los vivos, y a los muertos el olvido.
Como tordo viejo en campanario, que de campanadas no hace caso.
La zorra vieja en el lazo se mea.
Oye, ve y calla, y vivirás vida holgada.
Grano a grano la gallina llena el buche.
A buen amigo buen abrigo.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
Confiesa y restituye, que la vida se te huye.
No se escarmienta, mi viejo, sino en el propio pellejo.
Más refranes hay que panes; y cuando no tengo pan, pido consuelo a un refrán.
En Diciembre, se hielan las cañas y se asan las castañas.
Date a placer, Miguelejo; morirás de viejo.
Con los años que me sobran y los dientes que me faltan no me cambio con usted.