Hablar hasta por los codos.
El amor materno es el bien más grande de la vida, de esta forma cada uno, por muy pronto que muera, participa del bien mayor
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Después de estirar la pata, de nada sirve la plata.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
Cada uno estornuda como Dios le ayuda.
Que saben las vacas de montura.
Caminar sobre seguro.
Por San Simon y Judas, saben más ricas las uvas.
Badajoz, tierra de Dios, que andan las putas de dos en dos.
Allá van leyes, donde quieren reyes.
Cuando las olas se han aquietado y el agua está en calma, entonces se refleja la luz y se puede vislumbrar el fondo.
¿El azar? Pero si es Dios de incógnito
Un estómago hambriento no tiene ningún oído.
Viento del solano, agua en la mano.
Nunca serás amado si solo piensas en ti mismo
Quien lejos va a casar o va engañado, o va a engañar.
Hasta el rabo, todo es toro.
La costumbre vence a la ley.
Vino sacado hay que gastarlo.
El casamiento y el buñuelo quieren fuego.
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
En vez de ella, bien quisiera la mujer, que uno pariera.
Los nietos son hijos dos veces paridos.
El mejor maestro, el tiempo; la mejor ciencia, la experiencia.
Cuando una puerta se cierra, ciento se abren.
A tu hija más lista no la pierdas de vista.
Cuando viene la golondrina, el verano está encima.
Calle mojada, caja cerrada.
Pesar ajeno, no quita el sueño.
El viento y la marea no esperan a nadie.
Darás con la cabeza en un pesebre.
Ni caldo recalentado ni amigo reconciliado.
No le escribas a tu mejor amigo, lo que puede saber tu peor enemigo.
El pobre no tiene consuelo ni con la subida del sueldo.
Hombre cornudo, más vale de ciento que de uno.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
Al perro más flaco, hasta las pulgas le abandonan.
Después de que el barco se ha hundido, todo el mundo dice que sabía cómo se hubiera podido salvar.
Jugar bien sus cartas.
Enójate pero no pegues.
Ruin es quien por ruin se tiene.
El hombre astuto, hasta de los males saca buen fruto.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
El hablar mismo idioma.
Cuando veas una alpargata rota, no estará muy lejos la otra.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
De hombres bien nacidos es ser agradecidos.
Una cosa son las palabras de los hombres; otra los hechos del Dios.
En casa llena sienta bien la torta ajena.