¡A darle que es mole de olla!
Deja la bola rodar, que ya parará.
La constancia decisiva, vence al fin la suerte esquiva.
Después de vendimiar siempre sobran cestos.
A grandes beneficios, mayores riesgos.
Un duro y un vaso de buen vino son los mejores amigos, y en caso de mucho apuro, si no tienes el vaso, ten el duro.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
Cuando hay para carne, es vigilia.
De sabios es variar de opinión.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Año tardío, año medio vacío.
Tiempo malgastado nunca recobrado.
Para cazar chirulís, hay que tener chirulís en la trampa
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Más vale remiendo feo que agujero hermoso.
A la madrina, tras la puerta la arrima, y a la comadre, donde la hallares.
El amor no hace hervir la olla
Casado delgado y fraile tripón, ambos cumplen su obligación.
Son más los días que las alegrías.
No temas a truenos ni a ratones, ni brujas ni supersticiones.
A veces podemos hacer mal por una buena razón.
Las cerezas con rabo, y si no en el árbol.
Los falsos amigos y las deudas, siempre llegan sonriendo.
Al mejor nadador se lo lleva el río.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
El mandamiento del pobre, primero reventar antes que sobre.
La gallina vieja es la que hace mejor caldo.
Ave de pico, no hace al amo rico.
La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
Uno trabajando y cuatro mirando, el caminos está arreglado.
Otro gallo le cantara.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.
El arco al poniente, desunce los bueyes y vente.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
Media vida es la candela; pan y vino vida entera.
Tres simples zapateros hacen un sabio Zhuge Liang.
Hacienda en dos aldeas, pan en dos talegas.
Debajo de una manta, ni la fea te espanta.
Fía poco y en muy pocos.
Buena cara dice buen alma.
El buen mosto sale al rostro.
No hay que arrear ganado flaco.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
Cada mochuelo, a su olivo.