Casa convidada, pobre y denostada.
Unos por el culo estercolan, y otros por la boca.
El trato engendra el cariño.
A la sombra de los buenos, viven los malos.
El que tenga sus gallinas, que las cuide del coyote.
No hay tonto para su provecho.
Bendita sea la mata de Mayo, que se secó lloviendo.
Pluma a pluma se queda el gallo sin ninguna.
Dar puntadas.
A quien dan y no toma, dicha es que le sobra.
Quien suele en plata nadar, se puede también ahogar.
Mayo ventoso, año hermoso.
Lo que hace el necio a la postre, eso hace el sabio al principio.
Recordad siempre la partida tienes que guardar.
Quien boca tiene a Roma va.
Descuelga al ahorcado y por él serás colgado.
En casa de Margarita, ella pone y ella quita.
El que a los quince no tiene a los veinte no espere.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Lo mucho se gasta, y lo poco basta.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
A osadas, que quien lo dijo no mintió.
Quién encuentra a un amigo, encuentra a un tesoro.
Bien y pronto, solo lo intenta algún tonto.
El doctor, a los malos desespera y a los buenos consuela.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Navegar contra el viento es perder el tiempo.
El que las sabe, las tañe.
Siempre que llueve, escampa.
Aprendiz que aprende mal, nunca será buen oficial.
No es tonto el indio, sino quien lo hace compadre.
El árbol que no da frutos, da leña.
Cuando tengas un convidado, añade algo a lo acostumbrado.
El que viejo se casa, mal lo pasa.
La taleguilla de la sal, mala de sustentar.
Mas vale ser rico y sano, que pobre y enfermo.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
La muerte y el amor, enamorados son.
Revuelto el trigo con la cebada, no vale nada.
En dinero o en querer, mejor que mañana ayer.
Paso a paso se hace camino al andar.
Berenjena, ni hincha ni llena.
Ya no bebo vino, porque me cuesta dinero; pero siendo de balde, echa vino tabernero.
El que más madrugo, un talego se encontró.
Mientras más se vive, más se aprende. Por eso había una vieja que nunca quería morirse.
El sol siempre reluce.
Obispos y Abriles, los más son ruines.
La mujer, el caballo y la pistola no se prestan.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.