Aunque la dulzura halaga, la mucha miel empalaga.
A quien no teme la muerte, nada le es fuerte.
Rama larga, pronto se troncha.
Entre mil consideraciones de un tonto, debe haber una aceptable.
Si de la tierra naciste y a la tierra has de volver, ese orgullo, ¿por qué?
Bien o mal, junta caudal.
Echa bien tus cuentas, para que después no te arrepientas.
Los objetos externos son incapaces de dar plena felicidad al corazón del hombre.
La obra bien hecha, a su autor recomienda.
De pregonero a verdugo, mirad como subo.
Galán parlero, mal galán y peor caballero.
La de los huevos soy yo, dijo la gallina.
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
A canto de sirenas oídos de pescadores.
Está en todo menos en misa.
Parece que le ha hecho la boca un fraile.
Sufre callando lo que no puedes remediar hablando.
Si no quieres decepciones, no te hagas ilusiones.
A buen árbol te arrimas, buena sombra te cobija.
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
Quien hijo cría, oro cría.
Para la virtud somos de piedra, y para el vicio somos de cera.
Por ruin que el huésped sea, el mejor lugar se le deja.
Mujer enferma, mujer eterna.
Llorando nacen todos, riendo ni uno solo.
No enciendas un fuego que eres incapaz de apagar.
Al potro que le alabe otro.
Como quiera que te pongas siempre tienes que llorar.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.
Para adquirir el derecho a desnudar a las mujeres, hay que empezar por pagarles los vestidos.
Donde hablen, habla; donde ladren, ladra.
Cada pez en su agua.
También de dolor se canta, cuando llorar no se puede.
Ya los muertos no son nuestros, ni los vivos buenos amigos.
Te quiere bien quien te pone casa en Jaén.
A veces, el flaco derriba al fuerte.
De un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina.
Cabeza con seso pa'los preguntones que comen d'eso.
Fía poco, del que tiene horror al mosto.
El cuclillo, solo sabe su estribillo.
Dios inventó la balanza, y el diablo la romana.
Tras buen soplo, buen sorbo.
Jacinto, no te lo consiento, que mezcles blanco con tinto.
Quien con el viejo burlo, primero rió y luego lloró.
No saber qué hacer con las manos y los pies.
Más peligroso que tiroteo en ascensor.
Todo lo prieto no es morcilla.
La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
Dar en el clavo.
No son las malas hierbas las que matan el trigo sino la negligencia del agricultor.