Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
El diablo está en los detalles.
Si no quieres que se sepa, no lo hagas.
Carnero, comer de caballero.
Trabajo empezado está medio hecho
Olla cada día, aún siendo buena hastía.
Amar y no ser amado es tiempo desperdiciado.
Si pierdes el caballo puedes recuperarlo;pero si pierdes la palabra, es para siempre.
De cuero ajeno, correas largas.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
El vino alegra el ojo, limpia el diente y sana el vientre.
Lo ajeno place a nosotros y lo nuestro a otros.
Si vives de fiado, vives señalado.
Volver a inventar la rueda.
Quien te quiere, te aporrea.
Olla quebrada, olla comprada.
Ni estopa con tizones ni mujer con varones.
Debajo de mi capa, mate al Rey.
Arremangóse mi nuera, y volcó en el fuego la caldera.
De cuarenta años para arriba, no te mojes la barriga.
En apurada ocasión, haz de tripas corazón.
El buen gallo, en todo gallinero canta.
El peor enemigo es una felicidad demasiado prolongada
Dar una fría y otra caliente.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
El vendedor de habas siempre dice que cuecen bien.
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca.
Caballo que es bueno, no ha de menester mucho sonar de su timbre.
La felicidad no reside en las cosas sino en el hombre
Solo había una condición para poder alcanzar la paz. Ambos líderes, blanco y piel roja, debían ostentar la misma posición. Pero los blancos no estaban dispuestos a ceder.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
San Julián, guarda vino y guarda pan.
Cada cual a lo suyo.
Carnaval lluvioso, Semana Santa zurraposa.
Junto al río o al convento no hagas nada de fundamento.
Belleza a los sesenta, doila al diablo.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
Amor, tos y fuego, descúbrense luego.
Hablar con el corazón en la mano.
Renegad de viejo que no adivina.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Cada mono sabe de qué árbol se cuelga.
Dinero olvidado, ni agradecido ni pagado.
Fruta nueva? ¿quién no la prueba?
Cuando pases por la tierra de los tuertos, cierra un ojo.
Fui a casa de mi vecina y avergoncéme; volví a la mía y remediéme.
Tres son las velas que disipan la oscuridad: la verdad, el conocimiento y las leyes de la naturaleza.
El vino casi es pan.
El amor y el dinero no pueden estar ocultos.
La muerte a nadie perdona.