Cien refranes, cien verdades.
De casi no muere nadie.
Con los curas a oscuras nunca te quedes, que aunque llevan refajos no son mujeres.
Quien habla por refranes es un saco de verdades.
De vaca vieja, novilla brava.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
En cada refrán tienes una verdad.
Fiar, en Dios y en otro no.
Santo Tomás, una y no más.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
Se te cayó e cassette
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Confía en lo que ves
Palos por que bogas, palos por que no bogas.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Reniego de quien en Dios no cree y lo va a decir en concejo.
Un muerto hablando de un ahorcao.
Los muertos y las visitas a los tres días apestan.
Otra cosa es con guitarra
Freídle un huevo, que dos merece.
Lo que se dá no se quita porque el diablo te visita.
A la lumbre y al fraile, no hurgarle; porque la lumbre se apaga y el fraile arde.
Refran viejo, nunca miente.
Favor con favor se paga
De dichos y refranes, hacemos mil planes.
Para la iglesia nada es secular, menos aquello que es pecaminoso
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
El que tiene miedo corre a la iglesia.
De Navidad a Navidad, solo un año va.
Saber refranes, poco cuesta y mucho vale.
Por Navidad en casa y cerca de la brasa.
Amor grande vence mil dificultades.
Mal de muchos, consuelo de tontos.
Demasiadas velas provocan el incendio de la iglesia
O todos moros o todos cristianos.
No solo de pan vive el hombre.
Cuídate si quieres que Dios te proteja
A buen entendedor, pocas palabras bastan.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
A quien se casa viejo, o muerte o cuernos.
Por los Santos, la nieve en los campos.
Cada ollero alaba su puchero.
Quien en vida echa maldiciones, en la muerte no reza oraciones.
Si vives alegre, rico eres.
Las fiestas en donde estés, la Navidad en casa.
El más cristiano se alegra, si se le muere la suegra.
Unos nacen con estrellas y otros estrellados.
De refrán y afán pocos se librarán.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
Quien teme la muerte no goza la vida.