Los tres enemigos del hombre: suegra, cuñada y mujer.
Cuando mi madre esta en misa, yo bailo en camisa.
Más de un hombre amanece con el día que no verá morir.
La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen.
Donde reina la ilusión, ciega la pasión.
Casa en plaza, los quicios tienen de plata.
Años de higos, años de amigos.
El hombre a los treinta, o vive o revienta.
De tal colmena tal enjambre.
El llanto sobre el difunto.
Toda alegría está destinada al que tiene el corazón contento: para quien lleva siempre sombrero el cielo está lleno de sombra
La muerte, al pobre no se atreve.
Ausentes y fallecidos, ni éstos bien amados, ni aquellos bien venidos.
Lo escaso es siempre lo más bello.
El dinero como el chisme, se hicieron para contarlo.
A chillidos de cerdo, oídos de carnicero.
El que come queso sin pelar, come mierda sin cesar.
Cuando borrachos hay, madre falta.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Caballo que respinga, chimadura tiene.
Rey determinado no ha menester consejo.
Por dinero baila el perro, y por pan si se lo dan.
Oficio ajeno, dinero cuesta.
Administradorcillos, comer en plata y morir en grillos.
Muerto, ¿quieres misa?.
Alabanza propia es vituperio.
Dad al diablo el amigo que deja la paja y se lleva el trigo.
Sirve de poco hacer mucho, pero no lo que se debe.
No se cazan dos pájaros al mismo tiempo.
Dios castiga, pero no ha palo.
Al mal torero, hasta los cuernos le molestan.
Adiós las flores, yo con el aroma tengo.
Quien comete muchas injusticias, busca su propia ruina.
Harina mala, mal pan amasa.
Para los desgraciados se hizo la horca.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
De esto que nada cuesta, llenemos la cesta.
Y el que es panzón ni aunque lo fajen.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
Caerle a uno la breva en la boca, no es suerte poca.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
La mujer cuanto más pequeñita mejor
Cambios de tiempo, conversación de estúpidos
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
Zorro dormilón no caza gallinas.
Saben cómo ejecutar, pero no saben cómo ocultar.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
Ofrecer el oro y el moro.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
El hombre propone y Dios dispone.