Siembra buenas obras, y cogerás frutos de sobra.
Para que ande bien la cosa, una vieja y otra moza.
Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla
Variante: Suegra, abogado y doctor, mientras más lejos mejor.
Este afán renovador, cambia malo por peor.
Mear sin peer, rara vez.
Incluso las torres más altas empiezan en el suelo.
Cuando los hombres son amigos el agua que beben es dulce
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Solo deja para los demás lo que no quieras hacer tú mismo.
No tengas como vano el consejo del anciano.
En lugar ventoso, tiempo sin reposo.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
¿Qué tal que las vacas volaran?.
El perezoso siempre es menesteroso.
Quien baila, de boda en boda se anda.
El que antes muere, antes lo entierran.
Casa en plaza, los quicios tienen de plata.
Al aprendiz sin pelo, jodelo.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.
Procura siempre vivir como quien ha de morir.
Burro prestado termina con el lomo chollado.
Come, que de lo yuyo comes.
Mala mañana, niebla sobre la escarcha.
Ni calabaza sin tapón, ni mujer sin quita y pon.
No recomiendes a nadie sino quieres que te reclamen.
Nunca es mal año, por mucho trigo.
Tres trasteos equivalen a un incendio.
Cuando escribas alguna carta, leéla despacio antes de enviarla.
Si quieres criarte fino y hermoso, buen vino y mucho reposo.
En enero, cada oveja con su cordero.
Gallina, mujer y cabra, mala cosa siendo magra.
Buenos son barbos cuando no hay truchas a mano.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
Criada trabajadora hace perezosa a la señora.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Libro prestado, perdido o estropeado.
Cuando los santos hablan, licencia de Dios tienen.
Más honran buenos vestidos que buenos apellidos.
El corazón manda en los ojos, y les hace trampantojos.
El vino no tiene vergüenza.
Lo que los ojos no ven, el corazón no lo desea.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
Nace en la huerta lo que no siembra el hortelano.
El follo del santo, no hiede tanto.
Alegría que es fuerza que se pierda, ¿qué importa que no venga?.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
Jugar la última carta.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Cuando las olas se han aquietado y el agua está en calma, entonces se refleja la luz y se puede vislumbrar el fondo.