Tal padre, tal hijo.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
Guárdate de aquel demasiado inclinado a hacer favores y ofrecer su amistad, ya que algún día te exigirá su retribución.
Más se junta pidiendo que dando.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
Arriba canas y abajo ganas.
Zurrón de mendigo, nunca bien henchido.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
Antes de iniciar la labor de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Al mal tiempo, alpargatas blancas.
Fragilidad tu nombre es mujer.
Coger el huevo de la gallina y dejar ir el de la gansa
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
Todas las horas hieren. La última mata.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
Hijos casados, duelos doblados.
Novia para siempre, mujer para nunca.
De la nieve no sale más que agua
Paloma que va volando no dice a dónde ni cuando.
En casa donde hay suegra, no hay hora buena.
Mañana de expectacion tarde de decepcion.
Mal de rico, poco mal y mucho trapico.
Ley puesta, trampa hecha.
Dos amigos de una bolsa, el uno canta y el otro llora.
Arrastrando, arrastrando, el caracol se va encaramando.
Mujeres y malas noches matan a los hombres.
A cada pajarillo agrada su nidillo.
Zaragoza la harta, Valencia la bella, Barcelona la rica, Huesca la amena.
El ocioso e incapaz, carga es para los demás.
Quien baila y canta, su pena espanta.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
No hay invierno sin nieve, no hay primavera sin sol y no hay felicidad sin compañía.
Amigo viejo, tocino y vino añejo.
Cuando la vieja se remoza, andar ligera debe la moza.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Irse con la música a otra parte.
Si guardo una ramita en mi corazón, el pájaro cantor vendrá hacia mí.
Se necesitan dos para empezar una pelea.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
Tres cosas demando de Dios si me las diese: la tela, el telar y la que teje.
Cada quien, con su cada cual.
Estrenar casas y domar potros, otros.
A casa de mi novia llevé un amigo: él se quedó adentro y yo despedido.
Por San Miguel se cata la miel.
Caer para levantarse, no es caer.
Burros o coces, arrieros a palos y a voces.
No hay altanería que no amanece caída.