Cuando suga la abeja, se vuelve cera y miel; cuando la araña, veneno y hielo.
Comer ajo y beber vino no es desatino.
Come leite e bebe viño, e de vello serás mociño. Come leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
La mala fama vuela como el ave y rueda como la moneda, y la buena, en casa se queda.
Y viendo el tabernero que perdía, también bebía.
Otros vendrán, que bueno me harán.
Aunque me veas vestida de lana no soy borrego.
Con amor y aguardiente, nada se siente.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
Al viajero, jamón, vino y pan casero.
Bebe el agua a chorro y el vino a sorbos.
Yo como tu y tu como yo, el diablo nos junto.
Cuando la milana pía, agua para tres días.
Los perezosos se pasan la vida rascando la tripa a las cigalas.
Bendita la casa aquella que huele a antiguo toda ella.
Un hombre es juzgado cuanto a su trabajo.
No querer queso, sino salir de la ratonera.
La soga, tras el caldero.
Hasta la salud necesita descanso.
Pescado de buen comer, del mar ha de ser.
Cuando tengas un convidado, añade algo a lo acostumbrado.
El que no cumple su palabra al fin su desdicha labra.
Debajo de una manta, ni la fea te espanta.
Aqueste tu apetito baja, que con vejez o muerte, todo pasa.
Boca que se abre, o quiere dormir o está muerta de hambre.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Quien cerca halla, cerca calla.
El que no corre, vuela.
Una mentira bien echada, vale mucho y no cuesta nada.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
El que quiere subir inventa la escalera.
Nosotros observamos desde donde estamos parados
Gente parada, malos pensamientos.
La muerte todas las cosas iguala.
Vino puro y ajo crudo, hacen andar al mozo agudo.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
Más vale remiendo feo que agujero hermoso.
Limosna que así se vela y se ofrece, de lo alto viene.
Vida sin amigo, muerte sin testigo.
Salmón de enero, para mí el primero.
La escama de los besugos puede ser nuestro verdugo.
Quien lee despacito, comprende el escrito.
Hablando se saben las cosas, callando se ignoran.
Al pasar el río, vale más la cuerda que el trigo.
Hijos y mujer añaden menester.
El hombre es verdaderamente libre cuando ni teme ni desea nada
Que cada cual espante sus pulgas.
El hombre que desea estar tranquilo ha de ser sordo, mudo y ciego.
No hay más araña que la que teje.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.