Ni buen consejo de moza, ni buena camisa de estopa.
Come muchas uvas, y te ahorrarás la purga.
Le tiene miedo como el diablo a la cruz.
No seas amigo de los necios.
Al pez, una vez.
Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta.
En Burgos hay solo dos estaciones, el invierno y la del ferrocarril.
Si al construir se escuchara el consejo de todo el mundo, el techo nunca se llegaría a poner.
Come, que de lo yuyo comes.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
El pan, por el color; y el vino, por el sabor.
El ladrón sin ocasión para robar, se cree un hombre honrado.
Arriba canas y abajo ganas.
El benévolo ve benevolencia; el sabio ve sabiduría.
Abundancia y soberbia andan en pareja.
No te desesperes mientras puedas enamorarte
No hay bestia que no brame en su guarida.
Alguien se puede salvar de un rayo; pero de la raya no.
Al haragán y al pobre, todo le cuesta el doble.
La adulación procura amigos, la verdad genera odio
Júntate, que junto estabas.
Hace más la raposa que la curiosa.
Dinero no falte, y trampa adelante.
Sabe más el tonto en su casa que el listo en la ajena.
O follamos todos o tiramos la puta al rio.
Regla y compás, cuanto más, más.
Moza dominguera no quiere lunes.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
A las burlas, así ve a ellas que no te salgan veras.
De chicos es el temer y de grandes el atrever.
Del falso bien viene el auténtico mal
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
La mejor palabra es la que no se dice.
Espera que se acabe el circo para verle la cara a los payasos.
En casa de los tíos ella es la tía.
Oveja cornuda y vaca barriguda, no la trueques por ninguna.
La felicidad no crece en el huerto del envidioso
No las tiene Rodrigo todas consigo.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
La suerte está echada.
Tiene Mayo la llave del año.
Achaque el viernes por comer carne.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
El demonio y las mujeres siempre se entretienen.
Ni caballo patiblanco, ni tierra falduda.
Cuando llegues a la última página, cierra el libro.
Es mejor mala avenencia que buena sentencia.
El corazón jamás habla, pero hay que escucharlo para entender.
Bien ora quien bien obra.
No hay peor tienda que la vacía.