Le dijo la sartén al cazo.
Son cucarachas del mismo concolo.
Dios nos libre de un ya está hecho.
Un manjar continuado, enfada al cabo.
La morcilla reciente, cómela con tu pariente.
Callen barbas y hablen cartas.
Quien ama a Beltrán ama a su can.
La felicidad no es cosa de risa
A los 20 valiente, a los 30 casado, y a los 40 rico; si este dicho no se cumple, este gallo clavo el pico.
¿Usted qué come que adivina?
El consejo del padre capuchino: con todo lo que comas, vino.
La generación anterior planta árboles y la posterior se cobija a su sombra.
Variante: A buen hambre, no hay mal pan.
Vida sin amigo, muerte sin testigo.
Cinco puercos son manada.
Amistad que dice no, amistad que se perdió.
No existe felicidad sobre la tierra que no lleve su contrapeso de desgracias
Poco dura la alegría en la casa del pobre.
Quien hace casa o cuba, más gasta que cuida.
De tarde madrugar y tarde casar, arrepentirte has.
Todos los perros son valientes en su propia puerta.
Madre es la que cría, no la que pare.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
De los parientes y el sol, entre más lejos, mejor.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
Quien tiene un criado, tiene un criado; quien tiene dos, tiene medio; quien tiene tres, ninguno.
Baile que en burla empieza, acaba en boda.
El amor es como los pasteles, que recalentados no sirven.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
La costumbre de jurar y jugar, mala es de dejar.
Volverse la albarda a la barriga.
El que no mira, suspira.
A la mujer y a la cabra, la cuerda larga.
De los míos me oirás, pero no me hablarás/dirás.
Septiembre sereno, ni malo ni bueno.
Faena que tu bolsillo llena, buena faena.
La vida pende de un hilo.
Dos capitanes hunden el barco.
Más bien libre en el extranjero que ser un esclavo de regreso en casa.
Dinero ahorrado, dos veces ganado.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
La mujer y la manzana han de ser asturianas.
Echa cuentas, que te saldrán cuentos.
La mesa pobre es madre de la salud rica.
Estas son de mi rodada.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
Amor y sabiduría no habitan en el mismo castillo.
Dios no desampara a sus hijos.
Todos los blancos tienen un reloj, pero jamás tienen tiempo.