Vecinas porque les digo las mentiras.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
Donde muera una ilusión, siempre nace una esperanza.
Detrás de la mala suerte viene la buena.
El agua va siempre al río.
La que no tiene suegra ni cuñada, esa es bien casada.
Demasiada amistad genera enfados
El mal entra a brazadas y sale a pulgaradas.
El que a mi casa no viene, de la suya me despide.
En la felicidad, el corazón se funde como la nieve en primavera
Más vale despedirse que ser despedido.
El que bien ama, tarde olvida.
No te fíes de las nieblas, ni de las promesas de suegra.
El joven para obrar y el viejo para aconsejar.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
Un simple roce de mangas es el inicio del amor
Cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana.
Casado a los cincuenta, no llegarás a los sesenta.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Demasiada alegría es dolorosa
Un viejo amigo es una eterna novedad
Amigos que se conocen, de lejos se saludan. Desaconseja las amistades muy profundas.
En casa del ladrón te roban hasta la respiración.
La pasión embellece lo feo
El amor habla incluso con los labios cerrados
En el verdadero amor es el alma la que abraza al cuerpo
Toda desgracia es una lección.
En abril, va la vieja a veril.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
Donde comen dos comen tres.
Mal está el ama, cuando el barbero llama.
Los patos marinos anuncian nieve.
A quien paga adelantado, mal le sirve su criado.
Una vez un papel rompí y cien veces me arrepentí.
Cojo con miedo, corre ligero.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
Lo estancado se pudre.
Unos nacen con estrellas y otros estrellados.
Amor, con amor se cura.
El que se acuesta con niños, se levanta meado.
Injurias olvidadas, injurias remediadas,.
Llora tus penas y deja las ajenas.
Partí una, partí dos, partí tres..., salieron vanas. Las palabras de los hombres son como las avellanas.
Cuando hay amor hasta las cicatrices de la viruela son iguales a los hoyuelos en las mejillas.
Por la hebra y por el hilo, se sava el ovillo.
Rey sin consejo, pierde lo suyo y no gana lo ajeno.
A ver a un velorio y a divertirse a un fandango
A flores nuevas, afeite perdido.