El agua fluye abajo, y el hombre va arriba.
En Abril aguas mil, coladas por un mandil; en Mayo, tres o cuatro, y ésas con buen barro.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Perro viejo no ladra en vano.
Casa sin niños, tiesto sin flores.
Ni casa en cantón ni viña en rincón.
Mañana de expectacion tarde de decepcion.
Para el peor rey, el mejor profeta. Para el peor pecado, el mejor mensaje.
Cuarentón y solterón... ¡que suerte tienes cabrón!.
No compres cosa vieja que no sea vino, jamón o teja.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
A buey viejo, pasto tierno.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
El pan con hartura y el vino con mesura.
La felicidad da la vista a un ciego
Más dura una taza vieja que una nueva.
El yerro del médico, la tierra le tapa; el del letrado, el dinero le sana.
Mal se conciertan dos pobres en una puerta.
La hija buena vuelve a casa, aún cuando sea parida.
Más pobre estoy que puta en cuaresma.
Nadie compra la vaca si le regalan la leche.
Solo el mudo no cuenta mentiras.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba pero el tonto sigue.
El caballo del judío, harto de agua y bien corrido.
El toro y el vergonzoso poco duran en el coso.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
Gustos y colores, los que cada uno prefiera son los mejores.
Al aprendiz sin pelo, jodelo.
Ningún burro tropieza dos veces en la misma piedra.
Calienta más el amor que mil fuegos
Lo que fuere sonará.
Casa hecha, bolsa deshecha.
A barbas honradas, honras colmadas.
Todos los extremos son malos.
El día de San Ciruelo, pagaré lo que debo.
Yerro es tomar oficio ajeno y dejar el propio.
No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
La que está para condenarse, desde chiquita no reza.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
El que de Santo resbala hasta demonio no para.
Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
Amor de puta y fuego de aulagas si presto se enciende, presto se apaga.
No hay día tan lueñe que presto no este presente.
El comer no admite espera, el pagar, la que se quiera.
La adversidad forja hombres; la buena fortuna crea monstruos.
Una buena dote es un lecho de espinos
Al amigo y al caballo, no hay que cansarlos.
A sembrar a San Francisco, aunque sea en un risco.