Más raro que perro verde
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
Alquimia muy probada es la lengua refrenada.
Tiene la cola entre las patas
Pájaros de otoño, gordos como tordos.
La mujer rogada y la olla reposada.
En el refugio del otro vive cada uno
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
Que no te den gato, por liebre.
Uno esquila ovejas, otro, cerdos
Ni en pelea de perros te he visto
Refranes de los abuelos, breve evangelio.
Reniega de bestia que en invierno hace siesta.
Cien gallinas en un corral cada una dice un cantar.
Al perro muerto, échale del huerto.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Si quieres que te siga el perro dale pan
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Ahí está la madre del cordero.
Mojarse el potito.
Animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Nosotros, perros de casa, hemos matado a la liebre, dice el perro faldero.
Cuando dos elefantes riñen la que se lamenta es la hierba.
Las tareas de un elefante nunca son demasiado pesadas para él.
El criado, el gallo y el amo: un año; si es bueno: dos; ya tres: ¡os!.
Donde comen dos comen tres.
La zorra suele predicarle a las gallinas: hermanas mías.
La piel de cabra compra una piel de cabra y una calabaza, otra.
Por los Santos, la nieve en los campos.
Refranes y sustos, hay para todos los gustos.
Otoño e invierno, mal tiempo para los viejos.
Al perro flaco no le faltan pulgas.
Gato con guantes no caza ratones.
El fanfarrón mata a un león ausente, pero se asusta de un ratón presente.
A la vejez, viruelas.
Los animales feroces no se matan nunca por placer. Solo el hombre lo hace
Tarde piaste pajarito.
Lobos de la misma camada.
Refranes viejos son verdaderos.
A las mujeres bonitas y a los caballos buenos los echan a perder los pendejos.
Donde mengua el trigo, abundan los cerdos
Por San Martino, mata el pobre su cochino.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
El buey a la rueda, y la vaca a la puchera.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.